¿Qué educación necesitamos? 5 estrategias esenciales

Pensar la educación que necesitamos precisa responder a tres grandes preguntas:  para qué, qué y cómo. En este artículo me centré principalmente en los cómos. Posteriormente he tenido la oportunidad de participar en diversos foros y debates, como esta conferencia en Valencia  sobre el futuro de la educación y una más reciente (“Menos salones, más escuela”) en Espacio Odisea en Valle de Bravo (México), que me han forzado a reflexionar sobre las otras preguntas.

Los retos que enfrentamos como sociedad constituyen los “para qués” de la educación (a los que dedicaré un texto específico) y son en mi opinión: la creciente desigualdad (asociada en gran medida a la transformación del trabajo); las formas en que opera la innovación tecnológica y sus consecuencias sobre la propiedad y gobernanza de nuestras infraestructuras y plataformas (y finalmente sobre la gobernanza de nuestras instituciones); y la crisis ambiental global.

Quiero centrarme ahora  en los “qués” y compartir mi perspectiva personal acerca de las 5 estrategias esenciales que deberían ser parte de la misión de las instituciones educativas, y en particular las universidades, para ayudar al desarrollo de ciudadanos y un sociedad capaces de hacer frente a los grandes retos a los que nos enfrentamos de forma colectiva. Complementariamente estas estrategias constituyen en si mismas potentes herramientas pedagógicas si queremos generan aprendizajes profundos y significativos capaces de transformar a las personas, sus propósitos y su capacidad de enfrentarse a retos y problemas.

1. Trabajar sobre los problemas realmente importantes que dan sentido a la vida

Enfrentar a las personas en los problemas realmente grandes que afectan a la humanidad. Tal como plantea Peter Senge la mejor forma de aprender, o de generar  aprendizaje significativo y profundo, es trabajar sobre “lo que nos afecta” mediante procesos situados que enfrentan problemas complejos. Por el contrario una parte de la educación se ha dedicado a simplificar y trivializar los problemas en que se basan los procesos de aprendizaje.

Más allá del propio personaje, la biografía de Elon Musk nos aporta un consejo especialmente relevante:  la necesidad de construir proyectos que realmente conecten con tus intereses y pasiones y que tengan la ambición de tener impacto en el mundo (Musk dice algo así como “no entiendo como gente tan inteligente puede dedicar su vida lograr que un video se haga viral”).

En esa misma línea el artículo Solving all the wrong problems me inspiró una reflexión similar. Frente al discurso recurrente en Silicon Valley “We’re making the world a better place”, la realidad es que la mayor parte de esfuerzos se dedican a problemas inexistentes o irrelevantes o que afectan a una pequeña parte de la población. Es difícil identificar los problemas realmente importantes, más aún idear las soluciones adecuadas … y aún más ser capaces de ponerlas en marcha, tener el impacto que se desea y hacerlo de forma sostenible. Estas dificultades son recursos pedagógicos extraordinariamente útiles.

2. Desarrollar un enfoque no solucionista y no asistencialista a la resolución de los problemas

Los expertos se han especializado en la resolución de lo que podríamos denominar problemas agudos. Aquellos problemas bien definidos y que admiten una solución basada en la aplicación de un conocimiento técnico normalmente disciplinar. Sin embargo, en las últimas décadas estamos tomando conciencia de que la mayor parte de problemas que nos afectan como sociedad son problemas crónicos y complejos; problemas que tenemos dificultad incluso para definir y que no admiten una solución disciplinar. Se ha acuñado el término “wicked problem” (problema retorcido) para identificar estos problemas difíciles o imposibles de resolver dado que no se pueden formular por completo y a la vez cualquier solución es siempre parcial dado que las condiciones son cambiantes y/o la misma solución implica también impactos negativos. Los problemas complejos o “retorcidos” son en este sentido crónicos, precisamente por no contar con una única solución o más bien porque cualquier solución resuelve ciertos aspectos pero genera otros impactos negativos.

Por otra parte este tipo de problemas plantean retos metodológicos dado que, al no estar definidos por completo, solo se pueden comprender mediante la inmersión y por tanto solo cuando nos afectan porque somos parte activa del propio proceso. Los expertos y planificadores abordan los problemas bien definidos mediante diagnósticos basados en conocimiento “profesional”. Los problemas complejos y crónicos requieren de escucha. Comprender las diferentes perspectivas y ángulos de un contexto requiere de diversidad en las voces participantes. Esta diversidad no se restringe solo al conocimiento profesional ni es suficiente la multi- o inter-disciplinariedad. Se necesitan las voces de los afectados, de la ciudadanía, que construyen (la percepción, la definición) del problema junto con las de los expertos y los responsables de su gestión. Además la comprensión del problema ya no puede ser un proceso únicamente de reflexión intelectual; no lo hacemos solo recopilando la información disponible que es sometida a análisis. Dado que el conocimiento tácito y las cuestiones subjetivas y emocionales son partes esenciales solo pueden ser aprehendidas desde la acción. Por tanto la experimentación, el prototipado, ya no es solo una herramienta para encontrar soluciones efectivas, es a la vez un proceso de escucha activa.

La innovación social clásica es un enfoque solucionista basado en el diagnóstico experto. La denominación de solucionismo tecnológico se refiere a las prácticas propias de los entornos de élite tecnológica y empresarial, y en particular a su máximo exponente Silicon Valley, que desarrollan soluciones generales y genéricas que imaginan que pueden resolver problemas sociales globales de una forma sencilla y meramente tecnológica. Esta exacerbación de la ingenuidad tecnológica entiende el mundo poblado de problemas agudos y sencillos que admiten soluciones técnicas pero a su vez su propia acción va generando nuevos problemas derivados. Pero este “solucionismo” no es nuevo ni patrimonio del mundo de la tecnología, el mundo de la cooperación internacional ha estado asentado sobre el modelo “do-good” en que las soluciones “occidentales” se implementan en los países en desarrollo sin atención a la comprensión de lo local y la participación activa de las comunidades de afectados. Pero esta forma de actuación no solo sucede en la cooperación internacional, algo similar puede observarse en todas las escalas geopolíticas, incluso cuando analizamos la actitud de nuestros “centros de innovación”, aquellos que se sitúan en el mundo desarrollado (como universidades, centros tecnológicos etc), respecto a los problemas de la sociedad de la que forman parte.

En contraposición la innovación ciudadana entiende la innovación como un proceso colectivo que forma parte de la propia naturaleza humana y que se asienta sobre la capacidad de escucha y sobre lo indisciplinar y que actúa siempre de modo situado. Esta innovación es la que puede abordar los problemas crónicos de una forma orgánica. La innovación ciudadana cuenta con dos ingredientes básicos:

  • Frente al solucionismo, la innovación ciudadana desarrolla enfoques locales o situados que diversifican la innovación al adaptarla a las condiciones locales y colocan a las personas en el centro de las cadenas de valor.
  • Frente al enfoque basado, casi en exclusiva, en expertos disciplinares, la innovación ciudadana trabaja con enfoques inclusivos en que los afectados trabajan de forma activa con expertos de diversas disciplinas en la producción de soluciones. Por tanto, mientras la innovación convencional utiliza métodos de diagnóstico basados en expertos para la comprensión de los problemas que aborda, la innovación ciudadana desarrolla mecanismos de escucha basada en la inmersión y participación activa.

[Sobre este tema pueden ser interesantes estos dos textos previos: La crisis de las políticas públicas tradicionales e Innovación ciudadana vs. innovación social]

3. Desarrollar y fortalecer las competencias estratégicas para enfrentar este nuevo mundo

Desde mi punto de vista, independientemente de la especialización disciplinar que elija un estudiante, como ciudadano y como profesional va a necesitar un conjunto de competencias esenciales para enfrentarse a los problemas complejos que comentaba anteriormente con posibilidades de éxito. Existen múltiples propuestas de clasificación y formas de expresar estas competencias; en mi caso suelo utilizar un formato sencillo de 5 grandes categorías:

  • pensamiento crítico y sistémico (la capacidad de escucha y comprensión profunda de los problemas que describía antes)
  • liderazgo inclusivo y al servicio de los equipos y comunidades
  • emprendimiento (como la capacidad de hacer realidad una idea a pesar de las incertidumbres y restricciones de recursos)
  • auto-conocimiento y desarrollo personal
  • lenguajes esenciales y universales en el mundo contemporáneo, que incluyen al menos el digital, el diseño y el de la comunicación

4. Desarrollar una cultura de aprendizaje experimental

El mundo en que vivimos, más complejo e incierto que nunca, precisa de innovación continua. Los modelos pedagógicos experimentales, aquellos que se centran en procesos que otorgan autonomía al estudiante para explorar sus propios caminos y aprender de forma activa mediante experimentos que tratan de responder a preguntas, son los que más pueden aportar al desarrollo de este nuevo marco mental que necesitamos. Impulsar un modelo pedagógico precisa de métodos y herramientas pero sobre todo de una cultura específica. En mi opinión la cultura debemos entenderla como sistema operativo (un conjunto de reglas, valores y prácticas colectivas) y no como una mera declaración de intenciones. En este sentido es esencial identificar los principios básicos que sustentan esa cultura y definir estrategias, rituales y herramientas para que cada uno de esos ingredientes se conviertan en una realidad cotidiana.

Una cultura de aprendizaje experimental debería asentarse en estos elementos esenciales:

  • pasión y emoción por aprender
  • código abierto y cooperación
  • autonomía combinada con esfuerzo y responsabilidad
  • indisciplinar
  • atención a los cuidados y afectos

Por otra parte es esencial que cada persona de la organización practique de modo activo esa cultura y en especial que sus líderes, desde su día a día, sirvan de espejo y referencia.

5. Democratizar la educación

Una educación de calidad y adecuadamente enfocada es necesaria pero no suficiente. Es imprescindible que esa educación se universalice progresivamente para que no solo una élite social pueda enfrentarse a los problemas que nos afectan colectivamente con las herramientas apropiadas. Por tanto debemos trabajar para lograr dos objetivos complementarios:

  • desarrollar métodos, infraestructuras y organizaciones capaces de producir aprendizaje significativo de modo eficiente, y que a la vez respeten la diversidad de trayectorias y ritmos de aprendizaje
  • crear y escalar instrumentos de financiación que acaben con las barreras económicas y permitan que las personas se incorporen a programas educativos solo por su talento y actitud

4 comentarios en “¿Qué educación necesitamos? 5 estrategias esenciales

  1. JUAN,
    Excelente tu articulo y como estamos en la misma línea de pensamiento me he tomado la libertad de compartirlo en un grupo LinkedIn. “GESTION INTEGRAL DE RECURSOS HUMANOS”.
    Al respecto de tu publicación para comenzar te comentaré que creo que es fundamental incorporar en todos los programas de formación el Que, el Porque y el Como aprenderemos. En la Andrología el alumno interviene y decide en la gestión de su formación, así que esta deberá de estar muy bien sustentada desde un comienzo.

    Seguiré comentando tu publicación más adelante ya que creo puedo complementar y aportar mas datos que puedes utilizar.
    Atentamente
    Pedro F. Velarde

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