Tecnología educativa y ausencia de disrupción

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Una de las principales oportunidades de la innovación tecnológica es la disrupción: crear nuevas formas de hacer las cosas, nuevas necesidades, nuevas formas de organizarnos … que desbaratan el status quo actual. La consecuencia de una innovación disruptiva es la destrucción de lo viejo para que nazca y prospere lo nuevo. Sin embargo en ocasiones “lo viejo” es capaz de transformarse profundamente y al ritmo preciso y en lugar de destruirse renace convertido en algo nuevo.[/caption]

La disrupción es una enorme oportunidad, aunque llena de incertidumbres y riesgos, para los emprendedores. Siendo rápidos e inteligentes pueden crear algo con pocos recursos materiales capaz de transformar por completo un mercado, una parte de la sociedad, una industria … Por la misma razón la disrupción es un enorme riesgo para los actores establecidos (corporaciones, instituciones …) que pueden ser eliminadas por completo, o convertirse en elementos obsoletos, si no son capaces de transformarse, un camino que implica costes, riesgos y decisiones difíciles. Podríamos entender que la transformación digital, cuando no es banalizada, es el término que define ese proceso de adaptación a la nueva realidad.

En este contexto, los emprendedores tecnológicos tendrían como estrategia buscar alternativas que conviertan en obsoletos a los “proveedores de soluciones” convencionales, porque o bien existe una solución mejor o ya no existe el problema. Spotify o iTunes acabaron con la industria discográfica, AirBnB ha atacado a la industria hotelera, Tesla pone en evidencia la lentitud y ausencia de innovación de la industria automovilística … y así sucesivamente.

Sorprendentemente esto no sucede, o muy poco, en el mundo de la tecnología educativa. La inmensa mayoría de la “innovación” ha estado al servicio de mejorar los modelos educativos convencionales. En el mundo del software, primero Blackboard o Moodle, después Google Classroom o Verso, por poner algunos ejemplos, o aumentan el entorno educativo del aula manteniendo su estructura y reglas de juego o proponen digitalizar ese formato. En el mundo del hardware y contenidos, tablets, pizarras digitales, apps, libros digitales, plataformas de contenidos … todos pretenden algo similar: mejorar el sistema conservando el sistema. Los MOOCs significaron un cierto intento de disrupción dado que permitían liberar al aprendizaje tanto del aula como de las instituciones, pero manteniendo en gran medida un modelo pedagógico convencional. Al final han acabado convertidos en buena medida en las nuevas plataformas de gestión de contenidos de las universidades o acabarán siendo las versiones online de los programas convencionales.

Para que la tecnología educativa pueda ser un elemento de disrupción necesita comprender cuales son sus verdaderos usuarios (no solo sus posibles clientes), la naturaleza misma de su función dentro de los procesos de aprendizaje y como puede llegar a ser un elemento clave de las nuevas instituciones o provocar la transformación real de las existentes. Sin embargo, hasta el momento la inmensa mayoría de la tecnología educativa no ha pensado en la innovación en los procesos de aprendizaje ni en los que aprenden, solo en dar servicio a las instituciones educativas (los clientes tradicionales) y sus prácticas “formativas”, ancladas en el pasado o sujetas a una innovación tímida y lenta.

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