Si no puedes con tu “enemigo” … pregúntale

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Si quieres “vencer” a tu enemigo, o trabajar con tus “amigos”, necesitas ponerte en su lugar, tener empatía, para comprender su comportamiento y sus razones. Por tanto, como planteo en Soitu.es | Piel digital, si tu negocio ve amenazado por las redes P2P la única solución es: Pregunta a los piratas.

En Internet funciona la ambigüedad del térrmino free, que por una parte refleja la libertad de la red y sus consecuencias generativas y por otra identifica modelos de negocio basados en la gratuidad. Si tomamos la segunda acepción, “free as in free beer”, además de modelos de negocio nos encontramos con multiples usos heterodoxos, alegales o ilegales de los contenidos digitales. Es este un territorio amplio y confuso en el que aparece una enorme diversidad de prácticas de los usuarios y las comunidades digitales y diferentes legislaciones nacionales. No pretendo aquí cartografiar este territorio pero si fijarme en el papel de los “piratas”, ya sean aquellos que se reconocen como tales o los que son tipificados así por las industrias con intereses en la red. De hecho, es este un término con el que muchos enemigos de la diversidad, la libertad y los modelos de negocio basados en lo gratuito (y la legalidad) intentan hacer tabla rasa y designar a todos aquellos que usan Internet de acuerdo con todas sus posibilidades. Su intención es que todas las prácticas propias de una economái de la abundancia sean consideradas ilegales y así las industrias de la escasez puedan sobrevivir… Algo parecido, pero con más motivaciones de control político, sucede con el término hacker.

Pero, la demonización de los piratas puede acabar convirtiéndose en un efecto boomerang. Por una parte, la bandera pirata se ha convertido en un símbolo para muchos en la red. Por otra, algunos científicos sociales recuperan en los últimos años el interés por los piratas clásicos, aquellos que en los siglos  XVII y XVIII constituían comunidades y redes que funcionaban al margen del orden establecido y que aplicaban sistemas de gobierno mucho más democráticos y libres que la inmensa mayoría de gobiernos de la época. Por ejemplo, el blog Freakonomics se ha ocupado de los piratas clásicos, de su economía y de su forma de gobierno, que utilizan como inspiración para analizar la sociedad contemporánea. La importancia de los piratas va más allá de su uso peyorativo y no en vano el reciente libro de Mat Masson dedicado a analizar la reinvención del capitalismo en la era digital se titula The Pirate’s Dilemma. How youth culture reinvented capitalism. Sus argumentos son sencillos, los piratas digitales contemporáneos, sean legales o ilegales en sus prácticas (y no olvidemos que una misma práctica puede ser legal en un país e ilegal en otro como es el caso de las redes P2P sin ánimo de lucro), están modificando rápidamente las reglas del juego económico. Los intentos de erradicación legal han sido poco existosos, en el mejor de los casos, y contraproducentes en otros muchos. Por tanto, todos aquellos implicados en las industrias digitales harían bien en empezar a entender las motivaciones y el comportamiento de “sus piratas” para tratar de adaptar sus modelos de negocio a la nueva realidad.

Esta ha sido la motivación de Cliff Harris, el diseñador de videojuegos tras Positech Games, para lanzar un experimento en que trata de comprender a la gente que piratea sus videojuegos. Harris comprendía el pirateo en el caso de productos caros, pero no en situaciones como la de sus juegos, en la que el precio es considerado ya bajo y razonable (unos 20$ por juego). En Talking to ‘Pirates’, tal como comenta Kevin Kelly en The Technium (Why people pirate stuff), explica como abrió una conversación online con potenciales piratas para preguntarles por sus motivaciones. Lanzó en su blog. la pregunta "¿Por qué al gente piratea mis juegos?" y la difundió en diferentes foros, como Slashdot , Penny Arcade, Ars Technica, Digg y Bnet. La respuesta fue masiva con cientos de comentarios, y muchos de ellos largos y con argumentos concienzudamente elaborados. El propio Harris ha hecho un excelente esfuerrzo de síntesis y clasificación de las motivaciones. Existen dos grandes tipos de respuestas: las políticas y las pragmáticas. Las primeras fueron minoritarias y solían argumentar contra todo tipo de propiedad intelectual (de forma, en opinión de Harris, poco convincente). Pero las respuestas pragmáticas fueron las realmente interesantes al identificar las causas de una práctica digital muy común, aunque posiblemente no sorprenderán a casi nadie con cierta experiencia en Internet.

Los dos argumentos principales de los piratas son las dos caras de una misma moneda: precios demasiado elevados o calidad baja de los juegos (en relación al precio). Además, el uso de sistemas DRM (sistemas de gestión de derechos digitales) o la ausencia de canales de distribución digital son otras razones para preferir piratear un juego antes que comprarlo (el juego pirateado se obtiene de modo más rápido y sencillo y su instalación menos complicada). Cliff Harris parece haber aprendido de la experiencia y en el mismo post explica como va a modificar su modelo de negocio a partir de estas respuestas: eliminará por completo los sistemas de DRM, ampliará la jugabilidad de las demos, reducirá el precio (hasta menos de 10 $) y aumentará la calidad de sus productos

El caso de Harris y Positech Games es limitado en sus consecuencias. Al fin y al cabo es un diseñador solitario con escasa capacidad para oponerse a sus piratas pero también para hacer cambiar a la industria. Pero, es un ejemplo paradigmático de como se puede aprender de los usuarios para mejorar el modelo de negocio y, finalmente, su propia rentabilidad. Muchas otras industrias que pretenden sobrevivir y crecer en el ecosistema digital harían bien en repetir este tipo de experimentos y, de paso, entender la historia de la piratería … marítima y digital, que tienen más en común de lo que habitualmente parece.

7 comentarios en “Si no puedes con tu “enemigo” … pregúntale

  1. «Su intención es que todas las prácticas propias de una economía de la abundancia sean consideradas ilegales y así las industrias de la escasez puedan sobrevivir»
    Me ha recordado un artículo más general de Alfons Cornella sobre ¿Fin, o principio, de una era? donde, entre otras cosas, expresa: «No tengo ninguna duda de que el camino del futuro tiene dos ramales. Uno nos lleva a la miseria del mercantilismo extremo (la nueva Edad Oscura): todo es dinero, todo es vendible. El otro nos lleva a más y más personas que exigen la felicidad como derecho.»
    ¿Encontraremos “soberanos” que apoyen a los “piratas” del siglo XXI que van contra las normas monopolísticas de otros “poderosos” monarcas del XVI?

  2. Creo que estamos abocados a un cambio de paradigma, en el cuál nos tendremos que ganar la vida de otra forma que hasta ahora. No tengo la solución. No sé si pasa por reducir los precios, aumentar la calidad o mejorar la distribución. Lo que sí es seguro es que toda oposición que ejerzamos es inútil, incluso contraproducente.
    Las “poderosas industrias” y los gobiernos, por mucho que quieran, no pueden ir en contra de la realidad.

  3. Si no puedes con tu enemigo … pregúntale

    Un desarrollador de juegos para ordenador se pone a preguntarle a la gente por qué piratea sus programas y aprende unas cuantas lecciones en el proceso, lecciones que promete aplicar en sus próximos desarrollos.

  4. Pienso que por mucho que se cambien las reglas, siempre habrá pirateria.
    Yo diria que por encima de todos los argumentos antes comentados por el sr Harris existe la sensación de que estás haciendo algo ilegal, y eso hoy en dia es demostrar a tu circulo de amigos que eres un tio guay!
    Está en nuestro ser el querer llamar la atencion a los demás con cosas de “riesgo”. No solo la pirateria, solo hace falta ver que todo aquello que está penado, se hace.
    Ademas, la pirateria es muy alta en paises mediocres como el nuestro (España), que somos una pandilla de vandalos desde siempre.
    Hay otros paises más civilizados que al piratear tienen sensacion de hacer algo ilegal y no justo, y por ello no lo hacen.
    Está claro que el precio tambien influye… si un juego vale 60€, sabiendo que el desarrollador se lleva tan solo 15 o 20€ a lo mucho, pues es logico que más gente se anime a piratear.

  5. los autores de las obras maestras desea que todo el mundo por lo menos lo vea, escuchen, o jueguen el dinero deveria ser algo segundario
    ahunque si quieres evitar la pirateria hazlo que merezca la pena comprarlo

  6. Hola,
    pues me parece muy acertada la actuación de esta persona, ojalá las grandes industrias tomaran ejemplo. Muchos de los que somos “piratas” (en España diría yo que el 100% de la población con acceso a Internet y no sería exagerado) vemos Internet y las P2P como un nuevo modelo de sociedad, de infinidad de posibilidades y que debe ser el mercado el que se adapte a esta realidad y no al revés, como pretenden hacer. No me creo que las grandes multinacionales no sean conscientes de esto, claro que lo son, si el ciudadano de a pie lo ve… Lo que ocurre es que han visto el “nuevo modelo de negocio” y la oportunidad no ya de quedarse con todo el pastel, sino con toda la pastelería. Lo dicho, ojalá vayan tomando nota.
    Bye.
    PD: Un aplauso para este señor, que por otro lado con el estudio se ha hecho publicidad, porque yo ni le conocía. Ole. 🙂

  7. La idea del pirata, ya sea el contemporáneo pirata digital o el clásico del parche en el ojo se ha simplificado demasiado. Hay que recordar que habían piratas que estaban también al servicio de los reyes y emperadores, cuando la disputa entre Inglaterra y España, los piratas eran ocupados para atacar a la “competencia”.
    Por otro lado, ¿a quién quitaban sus tesoros los piratas? ¿Cómo obtenían la riqueza esos barcos cargados de oro y piedras preciosas?
    La idea de descalificar al pirata tiene que ver con el poder de descalificar y con la generación de una identidad, como dices, a muchos no nos molesta la calificación, porque comprendemos que detrás de quienes se dicen legales, también hay formas de ilegalidad o al menos de una imposición de poder que no puede ser aceptada.

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