Redes sociales: ¿modelos organizativos o servicios digitales? (El Profesional de la Información)

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Acaba de aparecer el último número de la revista El Profesional de la Información dedicado a las Redes sociales, donde me han invitado a publicar un artículo introductorio en la sección Observatorio. En Redes sociales: ¿modelos organizativos o servicios digitales? abordo la aparente paradoja de que las redes sociales, como modelos organizativos consustanciales con la naturaleza humana, han visto reforzado su papel con Internet pero al tiempo se banalizan por su confusión con el éxito de los servicios de redes sociales.

Puede consultarse el resumen del artículo o su versión original completa en versión pdf. Además, en la continuación a este post incluyo el texto íntegro del artículo.

El Profesional de la Información es la primera revista española de Biblioteconomía y Documentación que está indexada por las dos bases de datos bibliográficas más importantes (ISI Social Science Citation Index y Scopus), y este número está dedicado a las Redes sociales.

[Imagen procedente de Visual Complexity].

Redes sociales: ¿modelos organizativos o servicios digitales?

1. Las redes como modelo social básico

Las redes forman parte de nuestra propia naturaleza biológica y cultural. Somos seres sociales y formamos redes desde nuestros inicios evolutivos. A lo largo de la evolución de nuestra especie y del desarrollo histórico de nuestras sociedades, la estructura de estas redes ha ido cambiando. Así, inicialmente adoptaban en su mayoría un modelo organizativo extremo, conformando comunidades cerradas con escasa interacción con individuos externos. Utilizando la terminología actual, dominaban los vínculos fuertes. La cohesión, mediada por la identidad común dentro de la comunidad, era la mejor estrategia de supervivencia. En este sentido, las tribus y clanes, constituidas principalmente por vínculos familiares, fueron el modelo inicial y  extremo de organización comunitaria cerrada. Este mismo modelo persiste hoy en día en muchas especies de primates, con las que compartimos gran parte de nuestra historia evolutiva. Pero además, estas formas sociales perviven hasta nuestros días, o renacen, en ciertos grupos humanos en que los “vínculos  familiares” se han transformado en vínculos sociales y culturales relacionados con el nacionalismo o los movimientos de fans [1].

A lo largo de la historia de la humanidad, las organizaciones tribales han dado paso a los sistemas basados en mercados y finalmente a las organizaciones en red. En la sociedad contemporánea, gracias a la tecnología de la información y las comunicaciones, las organizaciones sociales adquieren nuevas tipologías (más abiertas y con mayor frecuencia de vínculos débiles) y escalas (tamaños de grupo mayores) abriendo posibilidades insospechadas de colaboración y producción colectiva. De este modo las redes sociales pueden funcionar, y desarrollar proyectos para crear conocimiento, mas allá de límites organizativos o institucionales. De hecho, la red constituye un nuevo paradigma social y económico en que nos hemos instalado en las últimas décadas del siglo XX y que ha sido denominado “Sociedad Red” [2]. En las fases previas, que se han denominado Sociedad de la Información o del Conocimiento, el valor estaba en la producción de conocimiento, mientras que en la Sociedad Red el conocimiento es ya extremadamente abundante y el verdadero valor está en la capacidad de gestionar el conocimiento: identificar la información relevante, integrándola y “remezclándola” para aplicarla en objetivos específicos. De este modo surge el papel de “comisario digital”, en analogía al comisario o curator en el mundo del arte, como actor clave de la Sociedad Red [3]. Por otra parte, el propio desarrollo de las redes de comunicación y de información digitales ha contribuido a que vivamos en un contexto cada vez más complejo y con mayores incertidumbres en el que resulta esencial una organización en red, como estructura flexible y capaz de adaptarse rápidamente a cambios.

El Premio Nobel Ronald Coase propuso en 1937 la theory of the firm (en su artículo sobre la “naturaleza de la empresa”) [4] para explicar a partir de los costes de transacción la existencia de las grandes empresas, un modelo organizativo que parecía innecesario en un sistema de mercado perfecto. Curiosamente, Ronald Coase fue en cierta medida el primero en predecir los cambios provocados por Internet, dado que estos se asocian en parte a la reducción de los costes derivados de la colaboración fuera de los límites de una empresa [5]. Dicho de otra forma, la razón de ser de una empresa es que es menos costoso organizarse bajo un paraguas organizativo que utilizando un sistema de mercado en el que tienes que negociar con proveedores externos todas las partes del proceso que quieres desarrollar. En esta idea se ha basado el paradigma analógico en la que han prosperado organizaciones concebidas como estructuras cerradas.

Pero la reducción de los costes de transacción externos, especialmente a partir de la década de 1990, es lo que explica la transformación de las organizaciones por el uso intensivo de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Un caso extremo serían los fenómenos de innovación abierta, crowdsourcing o la capacidad de desarrollo de proyectos extremadamente complejos, como aquellos relacionados con el software libre o la propia Wikipedia, sin una estructura organizativa formal. La naturaleza propia de las empresas no es ya tanto producir y comercializar internamente como el organizar la producción y comercialización mediante cadenas o redes de colaboradores externos. La aparición de organizaciones informales (“organizarse sin organizaciones”) en Internet se explicaría a partir de la reducción de los costes (económicos, tiempo) de transacción que permite un incremento de los flujos e interacciones sociales. [6]. Para obtener una visión completa que nos permita comprender los efectos transformadores de las tecnologías digitales, debemos tener en cuenta los efectos paralelos que provocan sobre las identidades individuales que afectan por tanto a las identidades colectivas (de las propias comunidades y redes). Las personas que usan intensivamente las herramientas digitales en sus prácticas y culturas fragmentan su identidad y la integran en múltiples redes locales y globales, al contrario que el modelo comunitario o las organizaciones formales y jerárquicas caracterizados por identidades unidimensionales.

No existen demasiadas estimaciones empíricas o teóricas del tamaño máximo de grupos en organizaciones humanas (cohesionados por vínculos fuertes). Quizás la mejor guía sea la que proporciona el antropólogo Robin Dunbar, conocida como número de Dunbar [7], que estimó que los grupos de chimpancés podrían alcanzar un tamaño máximo de 55 individuos basándose en observaciones y en el estudio de los mecanismos de comunicación (la inversión de tiempo en este comportamiento sería lo que marcaría el límite superior). Según Dunbar, los humanos al contar con mayor capacidad cerebral podrían alcanzar tamaños de grupo de hasta 150 individuos. Se ha propuesto que la comunicación electrónica puede permitir ampliar este tamaño máximo, en especial con personas a las que nos unen conexiones débiles (muy comunes en las redes sociales digitales). Por supuesto, las nuevas redes soportadas en parte por la tecnología dependen en gran medida de los vínculos débiles y eso explicaría que alcancen muchas veces tamaños muy superiores y sigan siendo operativas.

2. Redes sociales vs. servicios de redes sociales

La reciente popularización de los servicios de redes sociales (que podríamos definir como instrumentos tecnológicos para desarrollar redes sociales), en su mayor parte en la forma de empresas que operan en Internet, ha provocado una cierta confusión con el concepto de red social entendida como estructura organizativa y modelo social. Las entradas de la Wikipedia para ambos conceptos ponen de manifiesto estas diferencias [8]. Además, las herramientas y servicios que se han denominado en conjunto como web 2.0 incluyen siempre utilidades de interacción social y por tanto todas ellas deberían considerarse medios sociales (en el sentido de que son instrumentos para la comunicación y la interacción y colaboración) o “sitios de redes sociales”. Sin embargo solo algunas de estas tecnologías se identifican como “redes sociales”, y esta denominación se ha convertido en una forma de marca comercial.

Los sitios de Internet auto-denominados “redes sociales” llevan ya años entre nosotros. LinkedIn o Xing son ya viejos conocidos dedicados al networking profesional con un éxito limitado. Pero en los últimos meses otros tipos de “redes”, como MySpace y especialmente Facebook, han alcanzado un enorme éxito. De pronto, un modelo organizativo, la red, que solo preocupaba a unos pocos se empieza a confundir con un tipo de herramientas, plataformas tecnológicas que aseguran permitir la creación de redes, que se hacen inmensamente populares en Internet.

Los servicios de redes sociales constituyen una simplificación y restricción de la diversidad de interacciones sociales. La tecnología no ha logrado, al menos hasta el momento, traducir completamente a código la compleja y diversa “gramática” de las relaciones entre seres humanos.  Las relaciones humanas, incluyendo las digitales, son mucho más complejas y diversas de lo que estos servicios permiten. Por el contrario la web 2.0 cuenta con multitud de herramientas alternativas que permiten en gran medida obtener el mismo tipo de servicios que proporcionan las utilidades de redes sociales, pero además las decisiones de los usuarios seleccionando canales, herramientas y modelos de integración es lo que puede permitir que una red digital se aproxime a la riqueza y diversidad de una red social “completa”. Las herramientas de la web 2.0 están diseñadas, de un modo finalista, para la interacción social. Cada una de ellas nos permite desarrollar solo una pequeña parte de nuestro repertorio comportamental, pero el uso de múltiples canales por un mismo usuario, de un modo flexible y altamente personalizable, es lo que puede generar vínculos sociales más intensos e interesantes. Además, la distribución de las interacciones de una persona en diferentes sitios y aplicaciones (parte de la fragmentación de identidades que se citaba más arriba)  constituye una forma de protección contra posibles intentos de control centralizado.

Todo lo anterior no quiere decir que estos servicios no puedan ser de gran utilidad para usos específicos, por ejemplo organizaciones que necesiten gestionar conjuntamente contenidos y usuarios en un ambiente controlado, como sucede en las empresas o las universidades. Pero al tiempo este es precisamente uno de sus peligros: la capacidad para controlar las relaciones sociales digitales acabando con la apertura y libertad que define a Internet, y resulta especialmente preocupante que se pueda asumir que las redes sociales desarrollan todo su potencial utilizando de modo exclusivo las tecnologías de estos servicios.

El especialista en computación ubicua Adam Greenfield ha realizado una profunda crítica de los servicios de redes sociales, que denomina “antisocial networking” [9], y proporciona diferentes razones para evitar el uso de este tipo de arquitecturas técnicas diseñadas para mediar las relaciones entre personas. Pero al tiempo reconoce las ventajas de algunas de estas plataformas que son abiertas y por tanto permiten el desarrollo de aplicaciones por terceros. De este modo es posible la portabilidad de perfiles y relaciones y se aumenta el número de servicios y utilidades ofrecidos. Pero, aún así, estas herramientas, tal como planteábamos antes, son absolutamente restrictivas dado que reducen la enorme diversidad de posibles relaciones entre personas que existen en el mundo analógico y en “el resto” de Internet a unas pocas, y muy simples, opciones.

Podríamos identificar al menos tres tipos de simplificación de la realidad. En primer lugar, los sitios sociales me obligan a intercambiar las mismas informaciones con todos mis contactos calificados a un mismo nivel (por ejemplo, “amigos próximos”), algo que no sucede en el mundo real. Además, la complejidad y diversidad psicológica de nuestros sentimientos y relaciones con nuestros contactos dista mucho de poder ser representada con un mínimo de realismo con las escasísimas opciones que nos ofrecen las plataformas de Internet. Por último, los procedimientos diseñados para el establecimiento de contactos en una red social son demasiado explícitos y obligan a los usuarios a ser poco sutiles en sus intenciones. Por ejemplo, nos obligan a rechazar a un “amigo” no deseado, o a tener que dar de baja una relación tras comprobar que no era de interés o conflictiva. La vida real permite tomar estas mismas decisiones sin comunicárselas de modo explícito a nuestros interlocutores.

Todas estas razones, además de su potencial capacidad para el control absoluto de las redes, hacen que las herramientas de redes sociales sean, como propone Adam Greenfield, una mala idea. Asumir lo que podríamos denominar un “modelo Facebook” como red social y espacio colaborativo limita considerablemente las opciones de creación e interacción, por lo que parecen más interesantes alternativas basados en  modelos distribuidos de tecnologías para redes sociales (combinación “a medida” de herramientas de la web 2.0) que, por supuesto, requieren un nivel elevado de competencias digitales para poder gestionar estas herramientas y su integración [10].

Pero además el desarrollo de redes sociales abiertas sobre plataformas privadas, como sucede en la mayor parte de casos en que se utilizan herramientas de la web 2.0, sean estas servicios de redes sociales o una combinación de otros sistemas, da lugar a un sistema que podría ser esencialmente inestable. Las redes sociales en Internet funcionan bajo un contrato social subyacente en el que los usuarios admiten ciertos usos comerciales de su información y contenidos mientras no sobrepasen el límite en que superan a los beneficios por la disponibilidad de la plataforma [11]. La estabilidad a largo plazo de un modelo de este tipo es una cuestión que aún deberemos dilucidar en un futuro próximo.

Referencias

[1] David Ronfeldt (2007). In search of how societies work. The tribes – the first and forever form.  RAND Working Papers WR-433-RPC, 102 pp. http://www.rand.org/pubs/working_papers/WR433/

[2] M. Castells (2005). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Vol. I: La sociedad red (3ª edición). Alianza

[3] J. Freire (2008). Conocimiento y usuarios en la cultura digital. Revista FRC 16: 53–57. http://www.fcampalans.org/archivos/revista/13.jfreire.pdf

[4] http://en.wikipedia.org/wiki/Theory_of_the_firm; http://www.cerna.ensmp.fr/Enseignement/CoursEcoIndus/SupportsdeCours/COASE.pdf

[5] D. Tapscott & A.D. Williams (2007). Wikinomics: la nueva economía de las multitudes inteligentes. Paidos Ibérica.

[6] C. Shirky (2008). Here Comes Everybody: The Power of Organizing Without Organizations. Allan Lane. J.Howe (2008). Crowdsourcing: How the Power of the Crowd is Driving the Future of Business. Random House Books.

[7] http://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%BAmero_de_Dunbar

[8] http://en.wikipedia.org/wiki/Social_network; http://en.wikipedia.org/wiki/Social_network_services

[9] http://speedbird.wordpress.com/2007/12/09/antisocial-networking/

[10] http://www.soitu.es/soitu/2007/12/26/pieldigital/1198709458_424459.html

[11] M. Bauwens (2008). La red social y sus contratos sociales. Minerva 09. http://www.circulobellasartes.com/ag_ediciones-minerva-LeerMinervaCompleto.php?art=276

6 comentarios en “Redes sociales: ¿modelos organizativos o servicios digitales? (El Profesional de la Información)

  1. Me ha parecido una síntesis muy buena. Me interesa especialmente observar cómo evolucionan las empresas en este sentido. ¿En qué medida adoptarán las herramientas de la web 2.0 para estar a la moda o lo harán para abrirse a las colaboraciones en redes polifacéticas?

  2. Muy ilustrativa la distinción entre red social y servicio de red social; sin embargo creo que también sería interesante la distinción entre red social (en el sentido amplio determinado por la naturaleza social del ser humano) y red social digital (en el sentido de una forma concreta de llevar a cabo esta relación).
    Seguiré leyendo el resto del monográfico.
    Un saludo, y buena suerte.

  3. Walter Zambrano dice:

    Pienso que las redes sociales tinen ambos lados el bueno y lo malo es decir lo restringido, pero en eso hay que contribuir para que sea beneficioso a la mayoría de personas, estoy seguro que pronto se verá cosas mejores
    WALTER ZAMBRANO

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