“Nosotros los blancos sabemos lo que es mejor para los negros” o Sachs vs. Easterly

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Jeffrey Sachs y William Easterly son en la actualidad una suerte de estrellas mundiales de la economía del desarrollo. Ambos despliegan una intensa actividad pública alrededor de sus opiniones y propuestas de soluciones a la pobreza desde posiciones absolutamente opuestas. El Mundo ha realizado dos excelentes entrevistas con ambos que ha publicado en forma de un supuesto diálogo: Visiones antagónicas sobre la ayuda al desarrollo, al tiempo que ha publicado las entrevistas íntegras de Sachs y Easterly en Internet.

… Desde hace varios años, los dos economistas protagonizan una de las peleas más feroces del panorama intelectual de EEUU. Y aquí hay mucho en juego: 75.000 millones de euros que el mundo rico destina cada año a los países en vías de desarrollo para ayudarles a salir de la pobreza.

Para Sachs, esa cantidad es insuficiente. Para Easterly, una gran parte de ese dinero se despilfarra. Ambos han puesto por escrito sus ideas. Sachs, en su ‘bestseller’ ‘El fin de la pobreza’. Easterly, en el suyo, ‘White Man’s Burden’ (‘La carga del hombre blanco’), cuyo título está prestado de los poemas más racistas de Rudyard Kipling, en el que el poeta del Imperio Británico consideraba que "la carga del hombre blanco" era tener que civilizar a las colonias.

Para Easterly, las ideas de Sachs –compartidas por la inmensa mayoría de las agencias de ayuda y ONGs– no son más que un paternalismo racista bienintencionado, equiparable a la decisión de invadir Irak para democratizar el mundo árabe.

No seré imparcial en el comentario de estas entrevistas. Ya antes escribí sobre Jeffrey Sachs y sobre William Easterly, incluyendo un comentario sobre los primeros resultados del Millenum Village Project donde se están contrastando las propuestas de Sachs. Las palabras de Sachs en esta entrevista me recuerdan a las de muchos políticos: corrección, utopía bienintencionada, una buena dosis de relaciones públicas, ni una palabra de los aranceles en los países desarrollados, petición constante de más ayuda sin entrar demasiado en como usar esa ayuda (incluyendo la minimización del problema de la corrupción) y  … el recuerdo a la guerra de Irak en cada pregunta, tenga o no relación con la pregunta.

Me parecen más interesantes y útiles las ideas de Easterly, aunque sean mucho menos políticamente correctas. Por ejemplo, realiza una fuerte crítica la guerra de Irak por nacer de la misma actitud que el programa de Objetivos del Milenio: resolver problemas desde arriba y desde el exterior tratando de imponer un modelo que no acepta ni es el adecuado para la población local, o dicho de otro modo "nosotros los blancos sabemos qué es lo mejor para los negros". El programa de Naciones Unidos de Objetivos del Milenio, y la forma de actuar que promueven (basada en los “planificadores”), son el objetivo principal de las críticas de Easterly:

R.: Los Objetivos del Milenio son una historia triste porque pone las relaciones públicas por encima de la sustancia. Porque cuando miras a los objetivos no motivan a nadie a que haga nada. Nadie es responsable individualmente. Todo el mundo lo es. Así que esto no ayuda a los pobres.

P.: ¿Es lo que usted llama mentalidad de planificadores?

R.: Puramente. Gestos grandiosos con grandes eslóganes —acabar con la pobreza, reducir la mortalidad, la miseria, la mortalidad infantil— pero sin sustancia.

P.: Los líderes de los Objetivos del Milenio siempre dicen que ellos se centran en pequeños proyectos, que ellos son transparentes, y que tratan de atender las demandas de los receptores de las ayudas.

R.: Palabras, palabras, palabras. Puedes mirar a lo que dicen o a lo que hacen. 300 expertos que han producido miles de páginas de documentos explicando lo que hay que hacer para lograr los objetivos. No importa lo que dicen, sino lo que hacen. Y lo que hacen es reforzar burocracia. Ése es mi desacuerdo básico con Sachs. Él cree que para acabar con la pobreza hace falta más burocracia. Dar más poder a la burocracia. Y eso no es así. No debe ser así. Los ricos tienen mercados. Los pobres tienen burócratas.

Quizás su análisis y recomendaciones para el caso español sean la mejor forma de ilustrar sus propuestas:

P.: España ha dado 528 millones de euros a los Objetivos del Milenio. Al mismo tiempo, España es un país fronterizo entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo. La diferencia en PIB per cápita entre España y Marruecos es la mayor entre dos países en todo el mundo. Imagínese que el Gobierno español le contrata como consultor en ayuda al desarrollo para pedirle ideas sobre qué hacer con 528 millones de euros. ¿Qué aconsejaría?

R.: Lo primero, que no me contratara a mí. Que contratara a gente del norte de África, de América Latina, de Asia… que tengan proyectos en marcha para ayudar a la gente de esos países. Y que no contraten a mi amigo Jeff Sachs, por supuesto. Creo que España puede ir mucho más lejos si concentra su ayuda en tareas específicas para ayudar a la gente, y si evita así caer en grandiosas y pomposas campañas como los Objetivos del Milenio. ¿Cuándo va a saber el contribuyente español si su dinero ha sido utilizado bien o mal? Nunca lo va a saber. Y eso es así. Hay esta tremenda frustración ahora, porque por un lado hay mucha gente en el mundo desarrollado deseando ayudar al mundo en vías de desarrollo. Y hay muchos proyectos que pueden ser muy útiles para el mundo en vías de desarrollo. Pero el problema es que no tenemos ningún intermediario en el que podamos confiar. ¿A quién le podemos los ricos del mundo dar nuestro dinero y saber que va a invertirlo correctamente? Así que España puede sentar un buen ejemplo dejando de lado los Objetivos del Milenio y dándole ese dinero a alguien que diga: "Vamos a utilizar vuestros euros en lograr esto y esto con este grupo específico de gente. Vamos a dar complementos alimentarios a estos niños que sufren malnutrición, o agua potable a estos pueblos que no las tienen, o a vacunar a esta población". Y para eso lo mejor es fichar a la gente de esos países. Uno de mis ejemplos favoritos, porque lo conocí en persona, es Patrick Awuah, un ghanés que vivió en EEUU y regresó Ghana, donde fundó la Universidad Ashesi, que es de enorme calidad, la NYU o la Columbia o la Johns Hopkins de Ghana, y está dando becas a jóvenes sin recursos par que puedan ir a estudiar allí. Es una cosa que parece muy pequeña, pero no lo es si tú eres uno de esos jóvenes. Y África, América Latina y Asia están llenas de gente como Awuah. De paso, déjeme que le diga que la Univeridad Ashesi no está recibiendo ayuda de las agencias de desarrollo, porque no encaje dentro del Plan, del Plan al estilo soviético, estilo plan quinquenal. El Banco Mundial y otras agencias han rechazado darle dinero. ¿Por qué? ¿Por qué se trata de una universidad buena? ¿Por qué tiene donaciones del sector privado?

La ayuda al desarrollo se ha convertido en un negocio en si misma de la que se benefician importantes grupos de los países donantes. Quizás el caso del Banco Mundial, en que Easterly trabajó, sea un buen ejemplo (aunque podría aplicarse a muchas otras agencias de cooperación):

P.: Pero ¿cómo puede cambiar esa burocracia de 26.000 funcionarios anclados en su inmensa mayor parte en Washington, todos muy listos y con muchos conocimientos de Economía, con Masters en Columbia y NYU, que no paga impuestos, que viaja a los países receptores de ayuda en Primera o en Business y que se queda en ellos en los mejores hoteles?

R.: Usted sólo puede cambiar el Banco Mundial cambiando el ambiente político externo en el que la institución opera. Y ese ambiente debe demandar pruebas de que su dinero se está utilizando de la forma correcta. Lo cual de nuevo nos lleva a algo muy básico: que el Banco Mundial acepte una evaluación independiente de algunos de sus proyectos por terceras partes o por el propio Banco Mundial, pero por unidades que no tengan conflicto de interés.

P.: Eso nunca ha pasado.

R.: Nunca. No han tenido nunca una evaluación independiente. Si la hubiera y los resultados fueran hechos públicos y se determinara que ha sufrido fallos graves, debería centrarse en hacer lo que sabe hacer, para lo cual tiene muy buen personal. Desafortunadamente, el clima político actual sólo está interesado en reformular con palabras nuevas conceptos viejos.

Las diferencias entre unos y otros no están tanto en las causas inmediatas de la pobreza (y por tanto, los remedios específicos que se deben aplicar) como el la forma en que se deben aplicar. Así, Sachs descalifica las críticas de Easterly por que en su opinión, en el fondo, parece que ambos proponen lo mismo:

P.: Easterly le acusa de lo opuesto: de dar ayuda de arriba abajo…

R.: Déjeme que encuentre el libro de Easterly en mi biblioteca… Aquí está… Porque es tan increíblemente alucinante lo que él dice… Déjeme que le lea esto, está en la página 368: "Pongamos la atención donde debe estar: en dar a los pobres del mundo las vacunas, los antibióticos, los suplementos alimentarios, las semillas, los fertilizantes, las carreteras, las tuberías de aguda, los pozos, los libros de texto y los enfermeros. Esto no es hacer a los pobres dependientes de las ayudas, es darles la ayuda (…) que puede ayudarles a mejorar sus vidas". Ése no soy yo. ¡Ése es Bill Easterly! ¡Pero de qué demonios estamos hablando, de qué demonios estamos hablando! ¡No lo entiendo! ¡Es lo que yo llevo diciendo desde hace una década! Todo su argumento es una tontería. Él distorsiona completamente, deliberadamente lo que yo estoy recomendando y llega exactamente a los mismos conceptos a los que yo he llegado, así que he encontrado toda la cosa algo puramente académico, no algo sustantivo.

Easterly no lo ve del mismo modo:

P.: Su debate con Sachs afecta a 100.000 millones de dólares que se dan cada año al mundo en desarrollo, y a más de 1.000 millones de personas que viven en la extrema pobreza. A veces, sin embargo, parece muy visceral. ¿Es algo personal, están enfadados ustedes?

R.: Para mí, no. Es un debate intelectual sobre ideas. Y hay mucho en juego, lo que añade pasión. Porque yo creo que él está equivocado fundamentalmente acerca de cómo ayudar a los pobres. Creo que ha hecho tal daño a la ayuda al desarrollo… Porque hay 100.000 millones de dólares que están siendo gastados en ayuda al desarrollo al año y que no sirven a la gente. Y yo haré todo lo que pueda para combatir ideas que están en quiebra. Y eso es porque esto me importa. He trabajado en esto toda mi vida. Y quiero luchar contra ideas equivocadas.

Jeffrey Sachs forma un tándem con Bono, una extraña pareja cuando se trata de problemas de economía del desarrollo. Al menos igual de extraña que si se dedicasen a los dúos musicales. Pero William Easterly propone algo un tanto diferente:

P.: ¿Le gusta U2?

R.: Sí. Creo que Bono es mucho mejor músico que economista.

P.: ¿Cree que los líderes políticos africanos deberían instruir a U2 sobre cómo debe ser su próximo disco?

R.: ¡Desde luego! El rock tiene sus orígenes en África.

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