Los problemas de las estrategias “duras” para ejercer el “poder blando”

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Un comentario de Gonzalo Martín a mi post sobre Poder blando y liderazgo inteligente para la complejidad me recuerda los peligros de olvidar que el poder duro sigue (y seguirá) existiendo:

… conviene no olvidar que el poder duro existe y es inevitable: alguien firma las cuentas y es responsable frente a la ley, incluso con la cárcel. En los discursos del liderazgo, la participación el fin de las jerarquías y el rechazo al autoritarismo como estilo de gestión se suele olvidar este detalle sutil.

Efectivamente, el poder duro sigue ahí y no parece que vaya a desaparecer. Un debate importante, y casi siempre pendiente, es aquel que plantea hasta que punto puede o es necesario que el poder blando ocupe los espacios que tradicionalmente ocupaba el poder duro en las organizaciones (desde las naciones a las empresas). Pero en el contexto actual me preocupa más la actitud de aquellos que ejercen (o deberían ejercer) el poder duro (además del blando) pero:

  1. son conscientes de la importancia de los efectos "blandos", pero desconocen sus métodos y pretenden conseguirlos con medidas "duras". Se olvidan de que los efectos "blandos" sólo se pueden lograr con estrategias “blandas”. Así aplican regulaciones e incentivos que se convierten en medidas totalmente perversas. Por ejemplo, leyes que no se pueden controlar o regulaciones que se pueden engañar fácilmente y que hacen que los ciudadanos pierdan su confianza en las instituciones. Es bastante habitual escuchar a legisladores justificar medidas inaplicables con la idea de que servirán para concienciar a los ciudadanos (muchas regulaciones de tráfico en España son un buen ejemplo).
  2. no son conscientes de la complejidad e incertidumbre del mundo en que viven y piensan que su poder duro es suficiente por si solo para gestionar (y controlar) a la sociedad. Simplemente se ven desbordados y tienden a la irrelevancia. Es el caso de buena parte de los incentivos económicos (en forma de subvenciones) que tienen un efecto virtuoso (en el sentido que se pretendía) muy escaso o nulo sobre la actividad que se quiere promocionar, pero generan toda una serie de adaptaciones inesperadas con el fin de explotar las nuevas oportunidades.
  3. tratan de eliminar la "necesidad" de poder blando para manejar la sociedad. Pero esa necesidad surge de la complejidad; y la complejidad surge de la diversidad e intensidad de las relaciones sociales. Se convierten en totalitarios. Birmania y muchos otros gobiernos totalitarios serían buenos ejemplos; por desgracia la actitud de algunos políticos en países democráticos y de algunos gestores de organizaciones recuerda, a menor escala, a estos regímenes.
  4. "abandonan" el poder duro como algo obsoleto y se dedican únicamente a cultivar el poder blando (el caso que comentaba Gonzalo Martín). Generan inseguridad y son manipulados fácilmente por los grupos de presión.

Planteo las consecuencias de cada uno de los cuatro casos como hipótesis para el debate.

5 comentarios en “Los problemas de las estrategias “duras” para ejercer el “poder blando”

  1. Ya te comenté por mail que creo que haces una exposición perfecta del problema del poder duro para ejercer el blando. Pero más me gusta que uses la palabra “concienciar”, seguramente el término más absurdo que puede emplear el poder duro para conseguir que se hagan las cosas: concienciar se usa cuando no tengo manera de mostrar o convencer de que hacer algo es rentable, tiene un beneficio y un resultado claro, no “moral” ni evanescente y contrario a la lógica (aunque sea a la lógica aparente).

  2. Bien dices que ‘alguien firma las cuentas y es responsable frente a la ley’. En esta frase se resume uno de los principios de la empresa, junto con la obtención de beneficios (no perdamos de vista esta necesidad): se trata de una organización; puede ser del tipo horizontal, fluir el conocimiento, apoyar la indagación en las ideas de terceros, haber creado una visión compartida y estar preocupada por gestionar personas que tienen un fuerte componente emocional pero siempre necesitará tener una jerarquía (cuanto más simple, mejor) y habrá responsables (que pagan con su puesto de trabajo si se equivocan).
    Yo creo que es posible gestionar equipos de trabajo con un estilo de liderazgo diferente (no me gusta el término blando) y, por eso no tener que renunciar a que, en algunas ocasiones, las decisiones las debe tomar una persona que está al frente y se le paga por eso. Tampoco un equipo debe sentirse herido porque, tras ser oído y realizado sus debates, el responsable decida tomar una decisión que no va en la línea de la mayoría. No entender eso significa enterrar el concepto de responsabilidad y sumir en anarquía a la empresa.
    Creo que no se trata de que el poder blando ocupe parcelas, sino de que se aprenda a aprovechar mejor el talento escondido que hay en las empresas… y eso supone aflojar las estructuras actuales de la empresa, sin olvidar nunca para qué ha sido contratado cada uno y de que los beneficios también importan.

  3. Me hace acordar mucho este tema, a tantos proyectos blandos, que se han querido implementar en universidades, empresas o ministerios.Muchas de las personas que están al frente de dichos proyectos “progresistas”, o bien son mandos medios, continuan pensando exactamente casi, de la misma manera que lo hacian cuando estaban con el otro proyecto antiguo.Lo que trae como consecuencia, es que el proyecto “progresista” produce resultados desastrosos y mucha gente, culpa al modelo que sustenta dichos proyectos de no servir entre otras cosas.
    Y quemar dichos proyectos, me parece una fuerza conservadora muy importante en esta sociedad actual, que se sustenta principalmente en el apego de algunos lideres por sus estructuras mentales, y también en la falta de profundidad de su formación

  4. Hola Juan,
    a mí tampoco me gusta hablar de un poder blando; lo llamaría más un poder “complicado”, asociacionista, horizontal. Es más una cuestión de la forma de la pirámide de toma de decisiones.
    Lo que tú llamas el poder duro es un poder piramidal, digamos una pirámide clásica, de vértice afilado; el otro, es una pirámide de forma (aquí sí) más blanda, amorfa, con una coronación, pero más dispersa, un vértice más romo.
    Que uno vaya sustituyendo al otro de forma paulatina es cosa de tiempo, a mí me parece; y es, además, una de las mejores noticias del siglo que comienza. Poder acabar con los oligopolios de tomas de decisiones en su formato actual.
    Saludos cordiales desde Barcelona. AM

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