Las guerras científicas y las instituciones refractarias a la innovación: el caso de la economía

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Los economistas académicos y periodistas económicos norteamericanos llevan unas semanas con un interesante debate acerca de la “economía heterodoxa”, aquella que pone en cuestión los fundamentos básicos de la economía neoclásica. Bajo este debate co-existen en realidad varias discusiones y, en mi opinión, las dos principales se focalizan en una crítica de los postulados de la economía neoclásica bien por su visión sobre el papel de los mercados y del estado bien por sus fundamentos del comportamiento económico de los individuos. Por tanto, la economía heterodoxa se define por oposición y no constituye un cuerpo teórico único; más bien, muchas de sus variantes defienden posturas contrarias entre si.

Pero este post no quiere entrar en este debate, si no en la reflexión que Arnold Kling ha realizado (On heterodox Economics and Innovation) a partir del artículo publicado en The Nation por Chris Hayes, Hip Heterodoxy, que ha tenido continuación en un debate en TPM Cafe. Kling, que simpatiza con algunas posturas heterodoxas, elabora una teoría sobre las razones por las que la economía neoclásica, a pesar de sus fallos, ha alcanzado en la práctica un monopolio intelectual en el mundo académico, que en su opinión tienen que ver poco con su capacidad para explicar la realidad y mucho con el funcionamiento de un sistema cerrado y hostil a los emprendedores y la innovación como es la universidad:

Tyler Cowen’s view is that the best ideas win out, regardless. Maybe that’s true in the very long run. But I think that the process is too sluggish.

I believe that one of the biggest lessons of economics is the value of trial-and-error learning via entrepreneurial activity. That, incidentally, is one of the important ideas that is, for all practical purposes, outside of mainstream economics.

Economics as a discipline does not take much advantage of trial-and-error learning. We are like the French labor market–we can’t "fire" ideas that have low productivity (Euler-equation macroeconomics, mathematical general equilibrium theory, regressions with lots of right-hand side variables), and we don’t "hire" nearly enough new ideas on a trial basis.

Rather than operating in an entrepreneurial fashion, the institutional arrangements in academic economics lead it to behave more like a giant corporation, where everything requires buy-in from the top executives–in this case, journal editors and other members of the professional elite. In the corporate world, a lowly employee with a good idea can at least leave a company and start his or her own business. In economics, the best you can do is blog.

Me temo que esta hipótesis es igualmente aplicable a otros ámbitos científicos y al mundo universitario en particular (y mucho más en España que en EEUU). En un mundo en que el papel de la ciencia y la tecbología son cada vez más relevantes, puede que, pardójicamente, las comunidades científicas tradicionales sean cada vez más irrelevantes.

Un comentario en “Las guerras científicas y las instituciones refractarias a la innovación: el caso de la economía

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