La guerra del acceso abierto en la edición científica

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El acceso abierto no es más que la base de una ciencia abierta. No es suficiente pero si imprescindible. Por eso el futuro de los modelos editoriales basados en el acceso abierto es tan relevante y por eso entender las causas de los éxitos y fracasos de experiencias como las de la Public Library of Science (PLoS) es un ejercicio urgente e imprescindible. Una vez pasados unos años del lanzamiento de este proyecto, se empieza a disponer de datos para evaluar sus resultados. En Soitu.es | Piel digital he dedicado dos posts a revisar esta cuestión y sus implicaciones para el futuro de la ciencia abierta: La edición científica y la cruda realidad del acceso abierto y El caso PLoS y la guerra del acceso abierto en ciencia.

La edición científica y la cruda realidad del acceso abierto

Se advierten cada vez más síntomas de que la ciencia (o al menos una parte) está saliendo de “su torre de marfil”, empujada por cambios sociales y económicos a los que no puede ser ajena. Bajo el paraguas del término ciencia 2.0 empiezan a identificarse algunas de estas tendencias provocadas por el protagonismo creciente de Internet en la creación y comunicación científicas y por la apropiación de las prácticas propias de la cultura digital por parte de las comunidades científicas. La edición de acceso abierto es una de las piezas fundamentales, aunque no la única, de este cambio y la que afecta al núcleo fundamental de algunos de los modelos de negocio más rentables de todos aquellos asociados a la investigación.

Pero para entender las condiciones en que se libra esta guerra por el acceso abierto en las publicaciones científicas, antes debemos recordar el peculiar modelo de negocio que siguen las editoriales científicas y que afecta a la propia práctica de los investigadores. La publicación de resultados científicos sigue un sistema de revisión por pares (“peer-review”). Cuando un científico desea publicar los resultados de su investigación en una revista, debe enviar un manuscrito que es sometido a revisión por parte de colegas, que permacen generalmente en el anonimato. Solo si el artículo es aprobado por éstos (y por los editores científicos de la revista) acabará siendo publicado y por tanto los resultados serán comunicados públicamente. Por supuesto, el nivel de exigencia es variable entre revistas y en esto se basa buena parte de su prestigio. Aquellas con mayores exigencias en la relevancia de los resultados que publican incluirán artículos de mayor interés, y por tanto más citados por otros científicos. Son estas citas las que constituyen la base de los denominados índices de impacto (impact factor) que, a su vez, constituyen la base de los ránkings de revistas. Así el Impact Factor de Thomson ISI (Institute for Scientific Information) se ha convertido de facto en un estándar utilizado en todo el mundo para evaluar la calidad de revistas, científicos y organizaciones.

Antes de la llegada de Internet existían dos modelos básicos de edición científica. La mayor parte de editoriales, aquellas que son empresas con ánimo de lucro, corren con los costes de infraestructura y edición (en papel o digital) pero utilizan a científicos externos que se encargan de labores editoriales y del proceso de revisión por pares. Sus ingresos proceden de las suscripciones individuales y, lo más habitual, institucionales: las propias organizaciones que les proporcionan los contenidos, resultado del trabajo de sus científicos, son las que finalmente mantienen a las revistas al pagar por tener acceso a sus contenidos. Por el contrario, una parte de las revistas son publicadas por sociedades científicas, sin ánimo de lucro, que presentan “modelos de negocio” más variados: en ocasiones siguen el sistema de las editoriales comerciales pero en otros son los propios autores (por supuesto, en general a través de sus instituciones) los que deben pagar los costes (o una parte) de la publicación de sus artículos. Esto no quiere decir que esos artículos sean de acceso abierto, ni tan siquiera para la propia institución que paga por publicar.

La llegada de Internet, tal como está sucediendo con los medios de comunicación en general, provocó también una revolución en las estrategias de edición científica y en sus modelos de negocio asociados. Public Library of Science (PLoS) nació en 2002 con la intención de convertirse en el buque insignia del acceso abierto y lograr revistas del máximo nivel con este modelo de distribución. De hecho, revistas como PLoS Biology o PLoS Medicine alcanzaron rápidamente un gran prestigio e índices de impacto muy elevados en sus ámbitos. PLoS, una organización sin ánimo de lucro, pretendía alcanzar la viabiliad financiera gracias a los pagos que los autores de los artículos publicados deben realizar (aunque en este caso, en contrapartida, sus artículos son de acceso abierto). Pero en su fase inicial contaba, y sigue contando, con financiación complementaria, hasta 2007 unos 17.3 millones de US$ (M$), procedente fundamentalmente de la Gordon & Betty Moore Foundation.

Ahora, el análisis de la realidad financiera del proyecto PLoS ha suscitado una fuerte polémica que han tenido su origen en un artículo publicado a principios de Julio en la revista Nature, una de las más prestigiosas publicaciones científicas y parte fundamental del Nature Publishing Group (una de las organizaciones más innovadoras en la introducción de Internet y herramientas 2.0 en la edición científica). Declan Butler publicó PLoS stays afloat with bulk publishing (podría entenderse como un cierto sarcasmo que este contenido sea de pago, aunque si se puede acceder a un artículo similar publicado por el mismo autor en 2006) donde, a través del análisis de la contabilidad pública de PLoS (a que obliga la legislación estadounidense para organizaciones sin ánimo de lucro), se demuestra que el objetivo inicial del proyecto  no se ha logrado cinco años después (en al año financiero 2007, PLoS ha ingresado 2.86 M$ mientras que sus gastos han sido de 6.68 M$). En este sentido, el reciente lanzamiento por parte de PLoS de publicaciones con estándares más bajos de calidad parecería destinado a alcanzar la rentabilidad, modificando su estrategia original dedicada solo a la excelencia máxima.

En Diciembre de 2006 nació PLoS ONE, que utiliza, en palabras de Butler, un ’light’ peer-review, o sea un sistema de revisión menos estricto que permite publicar cualquier artículo que sea metodológicamente riguroso, sin entrar en la calidad de sus aportaciones científicas. Además esta revista, al contrario que PLoS Biology o PLoS Medicine, depende de un comité editorial externo (y gratuito) de unos 500 científicos que le permite revisar grandes volúmenes de propuestas. Así, en 2007 publicó 1230 artículos (en los primeros 6 meses de 2008 ha publicado casi otros tantos) por solo 321 de PLoS Biology (que además tiene un porcentaje de rechazo mucho más elevado y, por tanto, un proceso editorial mucho más costoso). Además, mientras las revistas más prestigiosas de PLoS cobran en la actualidad 2750 $ por artículo (tarifa que se ha incrementado considerablemente en los últimos años, ya que hasta 2006 era de 1500 $), la tarifa de  PLoS ONE es de “solo” 1250 $. A pesar de esta rebaja PLoS ONE proporcionó en 2007 más de la mitad de los ingresos, 1.54 M$, del grupo. PLoS cuenta con otras cuatro revistas (PLoS Computational Biology, PLoS Genetics, PLoS Pathogens, PLoS Neglected Tropical Diseases) con un modelo intermedio entre ONE y Biology o Medicine, tanto en la calidad de los artículos publicados como en las tarifas aplicadas a los autores, en este caso de 2100 $.

Para Butler estos datos son una evidencia de que el “modelo PLoS” ha fracasado por dos razones: 1) ha tenido que ampliar sus objetivos editoriales para aceptar revistas de calidad media, y a pesar de este cambio 2) no ha alcanzado la rentabilidad basada únicamente en las tarifas cobradas a los autores. Pero en el mismo artículo se recogen las declaraciones del CEO Peter Jerram  que defiende el él exito y viabilidad del proyecto: “PLoS está en el camino de autosostenerse en dos años. Entre tanto necesitaremos alguna ayuda filantrópica”, pero considera un enorme éxito que PLoS haya logrado que el acceso abierto gane importancia y adeptos dentro de la comunidad científica y del mundo editorial.

Como contraposición a los problemas económicos de PLoS, el artículo de Nature recuerda el caso de BioMedCentral, una editorial comercial que utiliza también un modelo de negocio basado en el acceso abierto pero que se ha centrado en revistas de calidad media. Este grupo es ya rentable en estos momentos con unos ingresos anuales de unos 20 M$.

El artículo de Declan Butler ha corrido como un reguero de pólvora entre los científicos que han utilizado sus canales de comunicación más innovadores y abiertos, o sea sus blogs, para debatir sobre el acceso abierto. En el siguiente post discutiremos los resultados de esta pequeña guerra científica.

El caso PLoS y la guerra del acceso abierto en ciencia

Las finanzas del grupo editorial sin ánimo de lucro Public Library of Science (PLoS) ha permitido a Declan Butler, con su artículo PLoS stays afloat with bulk publishing, publicado en Nature, lanzar el debate sobre la viabilidad del acceso abierto como modelo de negocio de la edición científica. En el post anterior resumíamos los principales datos y las peculiaridades del funcionamiento del sistema editorial en el que se inserta la comunicación de los resultados de investigación. El artículo ha provocado una fuerte defensa del acceso abierto en la mayor parte de los blogs científicos que critican que este análisis se realice en una parte interesada, como es la propia revista Nature.

En el lado contrario, de defensa de los resultados y opiniones de Butler y de la oportunidad de su publicación por Nature, se encuentra Timo Hannay, Director de Nature.com (parte del Nature Publishing Group, NPG). En Nascent, el blog de Nature sobre tecnología y ciencia web, defiende (PLoS ONE: Take Two) que Nature no es contraria al acceso abierto (aunque solo lo utilice puntualmente) y que los modelos editoriales comerciales son tan legítimos y útiles para la ciencia como aquellos sin ánimo de lucro. Basta comparar BioMedCentral, editorial comercial basada en el acceso abierto, y la American Chemical Society, sociedad cientifica sin ánimo de lucro y editora de algunas de las revistas químicas más importantes cuya suscripción tiene un coste muy elevado y no utilizan modelos de acceso abierto.

Pero Hannay va más allá que Butler y explica por que PLoS está fracasando y, de paso, poniendo en duda el futuro del acceso abierto. Recordemos que el modelo editorial que se recoge en la propia FAQ de PLoS defiende su papel pionero para demostrar los beneficios del acceso abierto y animar a otros editores a adoptar este modelo. Pero la realidad financiera del grupo a día de hoy es mucho más limitada que los objetivos que sus promotores declararon públicamente en los últimos años. Para Hannay, los resultados de PLoS demuestran que la desconfianza que manifestaron hace unos años muchos grupos editoriales hacia modelos económicos basados en los pagos de los propios autores estaba plenamente justificada. Como demuestra el caso de PLoS este modelo solo permite que las revistas de mayor impacto sobrevivan “subsidiadas” por otras de menor calidad y, precisamente por eso (el esfuerzo de revisión es menor y la tasa de aceptación mayor), menos costosas en su proceso editorial.

Para Hannay el modelo viable de acceso abierto, e independiente de la politica de las revistas, será el basado en el autoarchivo impuesto por las propias instituciones de las que forman parte los científicos. El autoarchivo supone que, independientemente de la política de la revista, los autores y sus instituciones almacenen y hagan accesible una copia de sus resultados en repositorios de acceso abierto. Como comentábamos hace un tiempo existen varios ejemplos de esta política, como los casos de “PubMedCentral de los National Institutes of Health de Estados Unidos o la reciente adopción por la Universidad de Harvard de una política de acceso abierto para los artículos publicados por sus investigadores”.

Pero, ¿cuál es el problema de que PLoS haya tenido que variar su modelo inicial? El posible efecto perverso por su utilización por las editoriales tradicionales en su descalificación general al acceso abierto. Por ejemplo, la coalición PRISM (Partnership for Research Integrity in Science and Medicine) se ha constituido como grupo de presión de varias editoriales para garantizar “la integridad” de los resultados de investigación, lo que de un modo más o menos sutil supone un ataque al acceso abierto y el autoarchivo digital. El mismo Timo Hannay explicaba hace unos meses que NPG no forma parte de este lobby, dado que defiende el acceso abierto y el autoarchivo y, de hecho, apoya diferentes iniciativas en este sentido, por ejemplo enviando manuscritos a PubMed Central o creando Nature Precedings.

PLoS ha evitado entrar en el debate o tan siquiera reconocer oficialmente la existencia del artículo de Nature siguiendo la regla blogosférica “Do Not Feed The Trolls" (“no alimentes a los trolls”). Al menos así lo ha explicado  el Online Community Manager de PLoS ONE, autor de A Blog around the Clock, en el post On the Nature of PLoS… En todo caso, en ese mismo post incluye las respuestas de muchos otros bloggers y científicos y que, mayoritariamente defienden el modelo PLoS y critican a Nature por su tono tendencioso. De entre estas opiniones, resulta especialmente interesante la expuesta por John Wilbanks, vicepresidente de Creative Commons y responsable de Science Commons, en su blog (parte de Nature Network). Aunque los datos aparecidos en Nature parecen objetivos y fruto de una excelente investigación, Wilbanks critica el tono (e intencionalidad) del artículo. El análisis olvida que PLoS no es más que una startup, por muy peculiar que parezca, y que por tanto interesa más su tendencia que el hecho de que ya haya alcanzado o no rentabilidad. De hecho, como startup ha logrado ya su primer y principal objetivo: crear revistas de acceso abierto de alta calidad. Ahora se enfrenta a su siguente reto: lograr un sistema de ingresos sostenible para ese modelo abierto. Algo similar sucede con los innovadores proyectos web 2.0 de la propia Nature que, muy probablemente, son por el momento ruinosos en términos financieros. PLoS necesita aún la filantropía para hacer frente a sus costes de operación, pero su ingresos han crecido hasta el momento de modo sostenido y es previsible que permitan alcanzar la viabilidad basada únicamente en las tarifas de publicación en un futuro próximo. Por supuesto, en este proceso, PLoS ha descubierto sus limitaciones y ha tenido que modificar su estrategia para incorporar una mayor diversidad de publicaciones (en lo que respecta a su calidad y tasa de aceptación), lo cual no debería sorprender a nadie (algo parecido hacen casi todas las editoriales comerciales o los medios de comunicación).

En todo caso, la ciencia es una actividad peculiar por su modelo de producción y, especialmente, por que en buena medida está soportada por financiación pública. O sea, la mayor parte de la ciencia en los países desarrollados es fruto de subsidios y, en este sentido y tal como defiende Wilbanks, no están claras las razones por las que la filantropía en la edición, un subsidio a una parte de la producción científica, debería ser considerado como negativa. Además, y desde un punto de vista puramente empresarial, el propio hecho de que diferentes fundaciones financien el proyecto PLoS indica que confían en él y en su viabilidad financiera. Eso es lo que sucede con el capital riesgo que financia startups aún deficitarias.

Dicho todo esto, y a pesar de los numerosos comentarios de científicos, probablemente el mejor análisis de este debate lo haya realizado Bruce Sterling en su intraducible post Bitter, snarling, flamewar catfight breaks out over science publishing:

Me encanta cuando los científicos abandonan sus reservas y su dignidad objetiva y empiezan a atacarse y meterse el dedo en el ojo en público.

Un comentario en “La guerra del acceso abierto en la edición científica

  1. Bajo la filosofía de Open Access Redalyc, tiene como objetivo el contribuir a la actividad científica editorial que se produce en y sobre Iberoamérica, poniendo a disposición de los lectores el contenido de 550 revistas de diferentes áreas del ámbito científico. http://redalyc.uaemex.mx/

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