Ingenuidad

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Existen dos clases de ingenuos. Los primeros creen poder resolver el problema antes de comprenderlo. En ocasiones, incluso, el problema no existe, pero ellos no se detienen en esos detalles que los apartarían de las que piensan son sus brillantes y perfectas ideas.

Los segundos han pensado profunda y críticamente, han aceptado la complejidad y conocen sus propias limitaciones. No tienen soluciones completas ni certidumbres pero si una estrategia. Deciden ser ingenuos como opción de vida, conscientes de sus restricciones pero comprendiendo al tiempo que la vida solo merece la pena si se vive intensamente, luchando por aquello en que creen.

Los segundos rara vez logran sus objetivos, pero su esfuerzo colectivo acaba por cambiar el mundo.

Entre ambos se colocan los que se hacen llamar realistas y que a veces se conocen también como pesimistas. Entre ellos surgen en ocasiones los hipócritas y cínicos. Todos están demasiado preocupados por su verdad y estatus como para dejar que la ingenuidad les contamine.

17 comentarios en “Ingenuidad

  1. Trato de ser el segundo (pero nadie sabe si está realmente en uno u otro lado), aunque muchas veces acabo convertido en “realista”. Cuando mi actitud deriva a al cinismo surgen señales de alerta internas que hacen que luche conmigo mismo por regresar a la ingenuidad … a veces lo consigo.

  2. Hace unos años escuché de Javier García Solera una reflexión referente a esto que me arrancó una sonrisa y quedó grabada. Decía algo así como que “…no es casualidad que INGENUO e INGENIO tengan la misma raíz”.
    Personalmente, me apunto a lo de intentar estar en el segundo grupo, aunque para conseguirlo tenga que tropezar muchas veces en el primero.

  3. Noto en este post un nudo en el estómago. Si sirve de algo, yo parto siempre de la ingenuidad y entiendo la hipocresía como un mecanismo de defensa y de precaución. En mi opinión, no puedes decir o hacer siempre lo que piensas, por dos motivos básicamente. El primero, puedes estar equivocado (eso no quiere decir que no tengas derecho a actuar y equivocarte). El segundo, si haces y dices todo lo que piensas puedes acabar enemistado con todo y con todos (ídem). Si tomamos la definición de hipocresía al pie de la letra (“Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”, RAE), vemos que no es tan grave, en realidad todos la practicamos. Yo diría, a la hora de actuar: 70% de ingenuidad (70% de verdadera ignorancia y 5% de “hago como que no se”), 15% de hipocresía (para no herir sensibilidades en caso de que estés equivocado) y 15% de sarcasmo (para herir las sensibilidades del cínico, aunque probablemente no te entenderá). Eso sí, como bien dices, cinismo jamás.

  4. Ju, ju. Yo creo que decir lo que se piensa con educación es riesgo político, pero no intelectual. Además, si se está equivocado se rectifica mejor y tu reputación tiende a engrandecerse, gilipolluás descontadas.

  5. Pensar es actividad intelectual, hacer es actividad política. La transparencia es parte de la estrategia, pero no se puede ser transparente en todo todo el tiempo, ¿o si?

  6. Yo diría que la actividad política se ha convertido en hacer que hacen o en des-hacer.
    Lo de la estrategia para la ingenuidad es difícil pero perder el optimismo existencial es peor.

  7. Qué bonito post. Pero, tal vez, el problema es cuando se acude a lo que llamas complejidad (o’procesos ambivalentes’ o ‘capas múltiples’) como el que se aferra a su gran verdad. Se revela entonces como una retórica cacofónica aunque muy eficaz, ya que le exime a uno de afrontar conflictos evidentes a la vez que se planta como un simpático ingenuo. Intuyo que hablar de ‘conflictos evidentes’ me puede llevar a la casilla del primer grupo, pero correré el riesgo ;). A mi modo de ver, “aceptar la complejidad y aceptar sus limitaciones” puede hacerle caer a uno en el típico relativismo posmoderno, que no sé si es una actitud muy intensa, pero desde luego es aburrida como pocas..!

  8. Rubén, mi planteamiento era inverso a tu interpretación (lo cual me hace ver que puede que no lo haya explicado bien o, más simplemente, no tenga las ideas tan claras). Yo planteo que podemos aceptar la complejidad como el marco en que desarrollamos nuestras acciones y, por tanto, somos conscientes de nuestras propias limitaciones. Por supuesto, se puede utilizar la complejidad como excusa para la inacción y el debate infinito. En realidad la complejidad es una obviedad, salvo quizás para el “ingenuo tipo 1”. Todo esto hace que exista siempre un margen irreductible de ambigüedad en que muchos pueden hacerse pasar por “simpáticos ingenuos” o pueden reducir su implicación, sin reconocerlo, echándole la culpa del posible fracaso a la propia complejidad. Y por supuesto, siempre podemos utilizarla como argumento para no hacer nada.

  9. En este contexto no puedo dejar de asociar ingenuidad con empatía. Cuando sentimos y entendemos los problemas colectivos como nuestros es cuando nos sentimos con derecho a actuar sobre ellos.
    Si pocos tomaríamos como lema personal el “Laissez faire” para nuestros asuntos propios es la falta de conexión con los demás los que nos permite paralizarnos ante los problemas del entorno, que no dejan de ser comunes.

  10. Me ha encantado este post, pero es un ensayo de taxonomia complicado (la realidad es compleja, pero quizá no tanto) Me permito empezar no calificando lo que la gente es y si lo que hace. Todos podemos pecar de lo que sea en un momento dado.
    Para mi la actitud ingenuo-1 es simplemente necedad-arrogancia. (¿cabe necedad sin arrogancia o arrogancias no necias?)
    y (tb para mi) la no-ingenuidad-tipo1 (intermedios y tipo-2 en la propuesta original) es “mas o menos inteligencia mas o menos bien usada”. No creo que tras pensar, reconocer complejidades y asumir limitaciones humanas el decidir arriesgarse en algo tenga que ver *necesariamente* con consideraciones sobre si la vida vale la pena o no, o con actitudes guerreras o de busqueda de desafio tras los objetos de fé. Los riesgos conscientes se corren para algo (o no), por algo (o tampoco) o incluso por simple aburrimiento.
    En cuanto a los esfuerzos colectivos que efectivamente han acabado cambiando el mundo, creo que muy pocos han surgido de *la razon y el claro entendimiento colectivo*. Por favor, que alguien aporte un contraejemplo, que me encanta que me tiren del caballo.
    En cuanto a mi, puedo confirmar que me han llamado ya de todo en la vida (realista y paranoico, pesimista y optimista, (también hipócrita y tambien cínico)) y si, me preocupa mi estado, pues soy un organismo en contacto con su ambiente (a veces, a su pesar)
    Eso si, me esfuerzo en no tener “mi” verdad (por la cuenta que me trae) alcance o no el conocimiento de la Verdad. Tampoco creo que la inenuidad sea un contaminante. Ya digo, uno tiene mas o menos inteligencia y mas o menos diligencia (la usa mas o menos) Para mi la falta de honestidad intelectual es simple ausencia o pereza “neuronal”.

  11. A mis 55 años empiezo a descubrir quien soy, me siento bastante identificado con el 2do. caso. Lo que me resulta más doloroso es cuando dices que “casi nuncan logran sus objetivos”. Pero estoy tranquilo. Sé por experiencia, que mi naturaleza ingénua me permitirá seguir adelante.
    Gracias por el post.

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