Herramientas y programas de los laboratorios ciudadanos

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Un laboratorio ciudadano cuenta con diversos formatos de trabajo que reciben diferentes nombres (metodologías, herramientas, programas, proyectos). Podemos considerar estos formatos, que a su vez son flexibles, como una caja de herramientas que permite configurar una “programación” adaptada a las necesidades específicas de un laboratorio.

Podemos identificar 4 herramientas esenciales que pueden adaptarse y combinarse entre si para dar lugar a programas de trabajo dentro de un laboratorio. Estos programas pueden abordar una o varias líneas de acción o ser abiertos temáticamente.

1. Desarrollo orgánico de comunidades. Más que una herramienta este debería ser un objetivo clave de un laboratorio pero a la vez es conveniente incorporarlo a la caja de herramientas para que sea considerado parte de los trabajos a desarrollar y se diseñen estrategias para que el laboratorio pueda promover el desarrollo de comunidades de práctica en el territorio donde actúa. El papel de la mediación y de las infraestructuras será esencial en este proceso.

Una comunidad debe contar, para serlo realmente, con autonomía para definir sus objetivos, métodos de trabajo, modos de gobierno … y por lo tanto la actividad de esas comunidades pueden no coincidir con las líneas de acción de un laboratorio ni sus métodos tienen por que ser los mismos. En este sentido el laboratorio funciona como un entorno posibilitador que presta apoyo y ciertos recursos para que la comunidad desarrolle su actividad. Un punto de fricción que siempre se debe abordar es la definición de las reglas de juego mínimas que se pueden exigir para que esa comunidad pueda formar parte de ese entorno (por ejemplo, la necesidad de compartir su conocimiento de modo abierto).

2. Mediación. Un mecanismo amplio que opera de muchas formas, entre otras ayudando a incubar comunidades de práctica que nacen de forma orgánica o impulsadas por alguno de los otros dispositivos. Existen algunos ejemplos relevantes de programas de mediación como los que desarrolla Medialab Prado (MLP) o el programa de Mediación – Innovación – Emprendimiento de Zaragoza Activa lanzando a finales de 2016. En el caso de MLP la mediación se concibe como un proceso de investigación-acción donde el mediador trabaja sobre un problema específico (que propone en una convocatoria pública) y como parte de su proceso de trabajo cultiva una comunidad de práctica. En el caso de Zaragoza, la inspiración procede del modelo de MLP pero incorporando componentes de emprendimiento.

La función de mediación en realidad engloba roles diversos que van desde la acción pedagógica para hacer comprensibles los prototipos y proyectos al público en general, a coordinar y gestionar los trabajos que tienen que ver con los cuidados y lo reproductivo, o liderar procesos de investigación y producción. Por otra parte el mediador juega un papel como figura autónoma pero a la vez es parte de otras herramientas como los talleres de producción donde cumple funciones específicas.

Más allá de la figura específica de mediador, es importante que tanto el equipo de un laboratorio como las personas que participan en sus programas tomen conciencia de que la función de mediación debe ser parte esencial de los trabajos que todos realizan en el día a día. Y esto es especialmente así en el caso de los cuidados y trabajos reproductivos y en general en la generación de un entorno de hospitalidad.

3. Paneles “tripartitos” donde cooperan técnicos (gestores), activistas y “científicos” (expertos). Este no es un mecanismo muy común en los laboratorios y además puede confundirse con mesas de trabajo convencionales dedicadas a la discusión de temas concretos, pero a su vez puede ser un formato de utilidad en ciertas situaciones. En particular es relevante si se quiere abordar la conexión de la actividad de un laboratorio con el desarrollo de políticas públicas para lo que se necesita un espacio de encuentro entre los diferentes agentes y un canal para que los técnicos puedan participar activamente como un colectivo más en los proyectos y programas.

Identificamos esta herramienta como “paneles” porque es un término suficientemente amplio para dar cabida a procesos diversos como mesas puntuales de debate, equipos que desarrollan una investigación y reflexión sobre un tema, o equipos que prototipan soluciones a ciertos problemas.

4. Talleres de producción y convocatorias públicas de proyectos. Es el formato que habitualmente genera mayor visibilidad y tiene la capacidad de desarrollar prototipos en periodos cortos de tiempo. Un taller de este tipo cuenta con dos fases: la de convocatoria (incluyendo la selección de proyectos y colaboradores) y la propia de taller intensiva donde se generan los prototipos. A partir de una temática se lanza una convocatoria pública de ideas de proyectos; una vez seleccionados (habitualmente unos 10 por convocatoria) se lanza una convocatoria de colaboradores (normalmente cada proyecto cuenta con un equipo de unas 10 personas incluyendo el promotor de la idea). Las bases de la convocatoria deben ser coherentes con las normas de apertura. La fase de producción intensiva cuenta con una duración variable que oscila entre dos o tres semanas a sesiones presenciales de 2-3 días separadas entre si por un periodo de 1 o 2 meses de trabajo autónomo de los equipos. La fase de taller requiere de un equipo que cumple las siguientes tareas esenciales: mentorización, mediación, mediación y producción técnica (en particular de código, plataformas digitales y productos audiovisuales).

En apariencia el proceso de trabajo de los talleres de producción es similar al de los hackatones y bootcamps que han alcanzando gran popularidad en los últimos años en los ámbitos tecnológico y de emprendimiento. Todos ellos formatos de trabajo intensivo en equipo orientados a la producción de prototipos. La primera diferencia, en principio sutil pero muy relevante, es que el taller de producción de un laboratorio ciudadano pone su foco en la escucha y desarrolla los prototipos con equipos donde expertos, activistas y afectados participan en pie de igualdad en la toma de decisiones.

Siendo el formato de taller de producción muy interesante es a la vez es muy exigente en cuanto a la dedicación de las personas y a los recursos necesarios (en especial si tiene carácter internacional y la organización asume los costes de viajes o alojamiento de todos o parte de los participantes). En el contexto de OpenLabs del Tecnológico de Monterrey, Antonio Lafuente y Juan Freire han realizado un análisis sobre la viabilidad e interés de diferentes formatos de talleres de producción que sintetizo a continuación.

El Laboratorio de prototipado estándar se ha venido haciendo con un formato muy exigente. Reclama de los participantes que dediquen normalmente dos semanas a tiempo completo a la  tarea de producción. Por otra parte, también tiene unos costes que no todas las instituciones pueden permitirse. Por tanto es pertinente explorar la posibilidad de desarrollar laboratorios de bajo coste, como experiencias que permitan desarrollar tareas de producción enfocándonos hacia objetos muy bien perfilados, problemas de naturaleza urgente y con actores muy concienciados. Se propone aquí un espectro de formatos realistas que pueden reducir costes por tres vías principales: atraer menos participación internacional o nacional (con necesidades de viajes y alojamiento), definir mejor los objetivos y multiplicar los trabajos de mediación.

Reducir la participación de personas no locales permitirá aliviar los gastos sin menoscabo de la diversidad de actores y culturas que deberían integrar cada equipo de prototipado. Definir mejor el foco de atención debería facilitar el arranque del trabajo colaborativo, reduciendo las fases iniciales de mucha discusión. Igualmente, se favorece el trabajo colaborativo si, tras la selección de los colaboradores para cada proyecto, se activa algún protocolo que favorezca el intercambio de documentación, pareceres o experiencias de abordaje entre los participantes. La ecuación que estamos argumentando es fácil de enunciar: cuanto menos tiempo más mediación.

Los formatos que proponemos son tres, junto al ya clásico de 14 días (L15): un laboratorio de una semana (L6), otro de quince días pero que sólo reclama presencia de los equipos el primer y tercer fin de semana (L2x3); y finalmente un formato de urgencia que dura un día (L2).

Este post es la continuación de La crisis de las políticas públicas tradicionalesInnovación social vs. Innovación ciudadana y La emergencia de los laboratorios ciudadanosEste texto fue parte del informe final del proyecto CO-LAB, Laboratorio de Innovación Ciudadana del Concello de A  Coruña y como los anteriores está basado en las aportaciones de Marcos García, Antonio Lafuente y David Lareo.

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