El papel de la investigación científica como apoyo al sector pesquero artesanal (2004)

En Noviembre de 2004 escribí esta reflexión a partir de lo debatido en el Taller “Pesca artesanal y sostenibilidad en España y Latinoamérica” que organizamos desde la Universidade da Coruña. Han pasado ya 14 años pero creo que muchas de las ideas siguen estando vigentes y siendo necesarias, y como nunca se publicó comparto aquí el texto.

Versión pdf: https://www.researchgate.net/publication/330712899_El_papel_de_la_investigacion_cientifica_como_apoyo_al_sector_pesquero_artesanal

Esta intervención presenta un análisis crítico y una visión personal de la relación entre organizaciones de pescadores y biólogos basado en la experiencia de nuestro grupo de investigación en el trabajo con las cofradías de pescadores gallegas. Se discutirán las causas del divorcio existente entre científicos y pescadores y se plantearán las vías de acción que podrían dar lugar a cambios y contribuir a la sostenibilidad económica y ecológica de las pesquerías costeras.

¿Por qué falla la colaboración?

En Galicia no existe una cultura de colaboración entre las organizaciones de pescadores y los biólogos. Esta falta de cooperación y trabajo conjunto se fundamenta en dos factores:

1) La política de subsidios y control que establecen las diferentes administraciones públicas (autonómica, central y europea). En general, la experiencia nos demuestra que cuando un grupo de pescadores acude a un equipo de biólogos para buscar soluciones a un problema de sobre-explotación de un determinado recurso lo que realmente están demandando no es tanto una solución para la recuperación o conservación del recurso, si no financiación para solventar (a corto plazo) la crisis económica que representan los descensos de capturas. Y la solución financiera a corto plazo, en nuestro entorno, la proporciona la administración mediante subsidios. En pocas palabras, el objetivo de las organizaciones de pescadores es la sostenibilidad económica, que se obtiene vía subsidios y no por una explotación sostenible.

Yendo un poco más allá, cabe preguntarse el porqué de esta falta de iniciativa de los propios pescadores por el cuidado de los recursos. La existencia de un régimen de facto de acceso abierto en la mayor parte de pesquerías es la causa profunda que se esconde en este comportamiento de los pescadores y sus organizaciones, que supone un grave peligro para el futuro a largo plazo de la pesca como actividad económica sostenible. La introducción de restricciones de acceso y la asignación de derechos territoriales de uso que se ha producido en Galicia en el caso de los recursos específicos es un buen ejemplo de cómo una modificación de las reglas básicas de juego puede generar un importante cambio en la mentalidad y concienciación de los pescadores. De este modo, los pescadores han pasado de ser los receptores y ejecutores de las regulaciones y ayudas proporcionadas por la administración a ser agentes activos en la discusión de los problemas y en la toma e implementación de decisiones.

2) Problemas de diálogo (lenguaje común) y comprensión mutua entre científicos y pescadores (y sus dirigentes dentro de las organizaciones). Como una consideración previa debemos tener en cuenta que, en realidad, la principal relación directa entre biólogos y organizaciones de pescadores se establece a través de los gestores, y este vínculo es la clave para que la cooperación sea fructífera. Encontramos dos problemas diferenciados en cuanto a la falta de un lenguaje consensuado y comprensible por ambas partes:

a) Los biólogos suelen buscar soluciones “teóricas” y no adaptadas a las circunstancias locales, lo que provoca una falta de comprensión y rechazo por parte de los pescadores. Un ejemplo, son las propuestas de reducción de esfuerzo (medido en los modelos con parámetros como la mortalidad por pesca F) cuando en la mayor parte de las pesquerías (y en prácticamente todas las artesanales gallegas) no conocemos el nivel de esfuerzo existente ni como podemos medirlo. Otro ejemplo es el establecimiento de cuotas de pesca cuando no existen estadísticas de capturas fiables o no se han realizado evaluaciones cuantitativas de los stocks. En resumen, los biólogos confundimos nuestras herramientas de trabajo (las teorías y los modelos que nos permiten comprender la naturaleza, en este caso la evolución de una pesquería y el estado de los recursos) con las herramientas de gestión (regulaciones técnicas que permitan cumplir unos determinados objetivos de sostenibilidad). El trabajo biológico puede, y debe, ser todo lo sofisticado y complejo que queramos, pero la gestión debe ser simple, con el fin de que sea comprensible, aplicable y controlable. En cualquier caso, el biólogo debe tener una perspectiva “glocal”: global en sus conocimientos teóricos, y local en su comprensión del problema y diálogo con los pescadores y otros usuarios.

b) Los pescadores y los gestores (desgraciadamente tanto en las organizaciones de pescadores como en la administración pública) no conocen lo que realmente les pueden aportar los científicos en la resolución de sus problemas. Los pescadores y gestores acuden a los biólogos normalmente en situaciones de una crisis aguda buscando una respuesta y/o solución rápida y sencilla, y a muy corto plazo. Y el momento de solicitar la ayuda suele ser demasiado tardío, cuando la causa del problema ya no es corregible y, en muchos casos, detectable. Existe una tendencia a acudir a los técnicos sólo ante problemas concretos y buscando respuestas urgentes. Muchos de estos problemas son en realidad triviales pero muy visibles, por ejemplo casos de contaminación puntual y aguda que generan fuertes mortalidades localizadas. Es mucho más raro que surjan demandas de asesoría técnica ante problemas más complejos, no catastróficos, pero con consecuencias para la abundancia de los recursos mucho más graves (por ejemplo, excesos e esfuerzo pesquero o modificaciones de hábitat que generan declives lentos pero continuos de la abundancia de los stocks).

¿Cómo crear las condiciones para iniciar el cambio?

Pasemos ahora a buscar soluciones a los problemas planteados, lo que significa desarrollar nuevos modelos de colaboración que permitan trabajar conjuntamente por una pesca sostenible, tanto para los recursos como para los pescadores. Pero antes es preciso que se genere un nuevo contexto que facilite la colaboración, lo que, en mi opinión, pasa por dos cambios imprescindibles pero no suficientes en la política pesquera.

1) Se necesita una reducción de los subsidios hasta su eliminación (la sostenibilidad real del sector pesquero pasa por su rentabilidad e independencia económica). Esta transición puede ser larga y tortuosa y se hace imprescindible una utilización transitoria “inteligente” de los subsidios: que realmente busquen ajustar el esfuerzo a la realidad de los stocks (lo que implica reducciones de esfuerzo en la mayoría de los casos), y que ayuden a crear una cultura en el sector pesquero de rentabilidad y sostenibilidad económica y ecológica. Siendo realista, sería deseable que, al menos, no sean un factor de distorsión y que, de un modo perverso, empeoren el problema.

2) Desarrollar mecanismos legales de restricción efectiva del acceso y de implementación de derechos de propiedad y/o uso. No voy a profundizar aquí en esta cuestión, pero creo que existen suficientes evidencias de todo tipo que señalan que en el caso de pesquerías costeras con recursos de escasa movilidad y explotadas por flotas artesanales este objetivo se consigue de un modo eficaz mediante derechos territoriales asignados a comunidades de usuarios (TURFs), Por el contrario, en el caso de las pesquerías oceánicas con recursos móviles y flotas industriales, la solución ópitma parece ser la creación de sistemas de cuotas individuales transferibles (ITQs). Son dos soluciones diametralmente opuestas, que parecen ideológicamente contrapuestas, pero que desde un punto de vista técnico son óptimas para dos realidades socioeconómicas y ecológicas muy diferentes.

Modelos de colaboración entre científicos y pescadores

Una vez las condiciones anteriores se cambien, o se logre iniciar un proceso de cambio, los modelos e colaboración deben presentar varias características básicas:

1) Científicos y pescadores deben estar situados al mismo nivel en su diálogo mutuo, con el fin de lograr una comprensión de las necesidades de ambos colectivos (cuáles son los problemas reales de las pesquerías y las necesidades de los biólogos para poder realizar su trabajo) y de las potenciales soluciones.

2) Visión a medio y largo plazo. Las colaboraciones deben ser estables, resultado de una planificación estratégica de las organizaciones de pescadores lograda mediante un proceso de análisis y discusión internos en que se identifiquen los objetivos y planes de trabajo.

En este contexto, las colaboraciones deberían cubrir tres aspectos clave para poder gestionar los recursos de un modo sostenible:

  • Monitorización rutinaria de recursos y pesquerías con el fin de generar una base de información y conocimiento. Aquí los científicos deben apoyar el diseño de los métodos de monitorización y deben participar en el análisis de la información, pero el esfuerzo de recogida de datos debería recaer en gran medida en los propios pescadores. En este sentido, una opción muy interesante es la del “barefoot ecologist” expuesta por Jeremy Prince. Estos ecólogos descalzos serían miembros de las comunidades de pescadores que equipados con un conocimiento básico y unas herramientas sencillas pueden desarrollar trabajos de monitorización y evaluación de recursos. Los científicos deberían formar a estos “ecólogos descalzos” y aportarles un asesoramiento continuo.
  • Explorar nuevas oportunidades de mejora del sector: nuevos recursos explotables, cambios en los sistemas de gestión, introducción de cultivos, etc.
  • Resolución de problemas concretos y previsión de futuras crisis. La existencia de una infraestructura de colaboración y conocimiento resultará básica para cumplir estos objetivos de un modo más eficaz que en la actualidad.

Cabría preguntarse como pueden las organizaciones dotarse del apoyo científico que precisan y lograrlo de un modo estable, teniendo en cuenta sus limitaciones financieras y las restricciones que la propia administración tiene para proporcionar este apoyo (además de la enorme desconfianza existente entre pescadores y administración que dificulta, y seguramente impide, un verdadero trabajo colaborativo). Ante este contexto, las organizaciones de pescadores deben buscar en el mercado (sector privado, universidades) la experiencia científica que necesitan (ni más ni menos), combinar este “outsourcing científico” con técnicos “internos” adecuadamente formados (“ecólogos descalzos”).

Nuestro grupo, a pesar de que en Galicia las condiciones no son claramente idóneas, trata de desarrollar su trabajo dentro de esta estrategia de colaboración. Para ello identificamos los escasos contextos donde es posible desarrollar este modelo (por ejemplo: recursos específicos gestionados con sistemas territoriales, colectivos que han comprendido que sus problemas radican en la sobre-explotación de los recursos y no en la “escasez” de subsidios). Una vez contamos con contextos propicios, tratamos de cumplir dos papeles: 1) facilitador de proyectos de desarrollo emprendidos por las propias organizaciones, y 2) asesoría técnica para la evaluación de recursos y propuesta de soluciones a situaciones de sobre-explotación o degradación de la salud de los ecosistemas costeros.

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