De la devaluación de los contenidos a la emergencia de los comisarios digitales

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Antes eramos directores y ahora somos conectores. Porque hoy la gente
elige su medio de comunicación, en su propio contexto y elige leer el periódico
en papel u online. Pienso que Marshall MacLuhan se equivocó al decir que "el
medio es el mensaje". Creo que hoy "el mensaje es el medio".

Entrevista
a Kevin Roberts, Presidente Mundial
de Saatchi &
Saatchi
en El País.

La sociedad del conocimiento es aquella en que el conocimiento deja de
tener valor…
Lo importante no es el conocimiento, sino la sabiduría.
Aquello que no se puede describir en un texto…
El capitalismo se
convertirá en capitalismo del conocimiento.

Entrevista de Infonomía a Hiroshi
Tasaka
(video),
presidente de SophiaBank
(además le dedicaron un artículo
en la revista If…),
comentada por Genís Roca, en un post de título suficientemente
expresivo, El
conocimiento NO tiene valor
.

La web 2.0 parecía abrir una era de los contenidos. Caen las barreras
financieras, tecnológicas y culturales que limitan la creación de conocimiento,
pero la “nueva” economía sigue obedeciendo a las viejas reglas y lo que se hace
abundante se devalúa. ¿Dónde está ahora el valor? Posiblemente en el filtrado,
la agregación y la remezcla y en la conexión intelectual y emocional con los
usuarios. Llega la era de los comisarios digitales (algunos de ellos actuando
como brokers de
conocimiento
). Pero, los usuarios creativos de la web 2.0 (casi todos
amateurs), ¿son un nuevo proletariado simbólico?, o por el contrario ¿son parte
de esos nuevos comisarios y conectores que destierran a los controladores
tradicionales?

Estas son preguntas que he ido abordando de una forma u otra en este blog y
que he tratado de sintetizar apuntando algunas hipótesis en Soitu.es | Piel
digital
: Los
contenidos de la web 2.0 cotizan cada día a la baja
y Se
buscan comisarios digitales
. Dejo en la continuación el texto combinado
de ambos posts.

1. La devaluación de los contenidos en la web
2.0

El desarrollo de Internet y, especialmente, de las herramientas conocidas
como web 2.0 ha implicado cambios radicales en los modelos de producción y
distribución de conocimiento. Por una parte, la creación, gracias a la reducción
de barreras de acceso y colaboración, ha experimentado un crecimiento
exponencial. Por otra parte, la crítica implícita que la era 2.0 trae a los modelos
tradicionales de jerarquía y autoridad
, unido a la exuberancia
de contenidos
, generan nuevos problemas y oportunidades para su gestión por
los usuarios. Pero, al tiempo, dentro de la web 2.0 han surgido numerosas
tecnologías, herramientas y sistemas de gestión de contenidos (como el RSS, los
agregadores, los mashups, los sistemas de etiquetado …) que permiten a los
usuarios convertirse en “comisarios”. En cierto modo, todos los usuarios de
Intenet somos ya “comisarios”, pero algunos de ellos, sean individuos, empresas
u otras organizaciones, pueden tener como objetivo obtener mayor poder o
beneficios económicos, y los podríamos identificar entonces como “brokers” de
conocimiento
.

Analizaremos aquí el origen de la importancia creciente de este tipo de
actividad “curatorial” que no es otra que la propia devaluación de los
contenidos digitales. En el siguiente post trataremos de entender que
es, o puede ser, realmente un comisario digital.

Un efecto obvio, pero también y paradójicamente inesperado, de la irrupción
de la web 2.0 y la producción amateur y masiva de contenidos es la
devaluación de este nuevo conocimiento. En un mundo donde más gente aporta datos
y produce información y conocimiento una gran parte de estos contenidos
presentan escaso interés y/o calidad, pero crece también una larga cola
del talento
, de modo que el conocimiento de calidad empieza a ser muy
abundante, casi ubícuo, aunque siga siendo minoritario. Esta transición plantea
serios problemas de adaptación, en especial en lo que respecta a la motivación
de los creadores y a la rentabilización económica de esta actividad cada vez más
popular (como ya discutíamos referido al caso del periodismo
de investigación
).

En ReadWriteWeb, siguiendo esta línea, argumentan que Content
is becoming a commodity
  (“in today’s society, devaluation of
content is becoming the norm
”). Dicho de otro modo, el conocimiento
explícito (que se encuentra y ya casi de modo universal en formato digital) se
convierte en lo que los economistas denominan una “commodity”, un producto o mercancía
genérico
, sin ninguna característica distintiva cualitativa que le otorge un
valor añadido y por tanto reemplazable. Esta visión rompería de forma radical
con el concepto convencional de conocimiento como el resultado de la actividad
más sofisticada y cualitativamente relevante de los seres humanos.

ReadWriteWeb se centra solo en una de las múltiples consecuencias
derivadas de esta devaluación: los problemas de rentabilización económica que
supone para los bloggers que su “trabajo” se convierta en un genérico
de bajo valor susceptible de además de ser “capturado” por servicios externos
(como agregadores que utilizan los feeds RSS) para reconvertirlos en
otros contenidos (mediante la agregación, la remezcla o el enriquecimiento por
comentarios) que si son rentabilizados (pero estos beneficios no llegan al autor
original). Este es el mismo argumento qur utiliza Steven Hodson, What
are my words worth?
, cuando explica como el valor de los blogs se
devalúa al trasladarse buena parte del debate que pueden provocar a otros
espacios digitales.

El abogado Jonathan Handel propone varias razones para esta devaluación en Is
content worthless?
. Aunque su opinión es claramente crítica hacia
aspectos como la evolución de la propiedad intelectual, la parte objetiva de su
análisis es relevante. Los factores que explican esta devaluación serían el
crecimiento exponencial de la oferta por los contenidos generados por los
usuarios; la digitalización que permite su reproducción con un coste próximo a
cero; la simplicidad y bajo coste de las herramientas tecnológicas implicadas;
el desarrollo de un modelo de negocio basado en la publicidad (y que necesita de
contenidos abundantes y baratos); y una nueva cultura menos restrictiva respecto
a la protección de la propiedad intelectual.

Puede que, a modo de sarcasmo, tras acuñarse como eslogan de la era 2.0 la
frase “la revancha de los amateurs” frente a las industrias culturales
tradicionales, sean ahora algunos de esos amateurs los que están sufriendo en
primera persona ese mismo proceso. Así se plantea en ReadWriteWeb:
quizás ahora los bloggers pueden empezar a apreciar a lo que otras
industrias, como la discográfica y el cine, se tienen que enfrentar en esta
nueva era digital
”.

Un aspecto menos tratado de este proceso, son las razones íntimas y profundas
que nos lleva a una masa de usuarios a convertirnos en creadores, al tiempo que
se rechaza cada vez más el propio concepto de consumo y consmidor. Chris
Heathcote, Everything i.e. anything, se muestra perplejo ante lo
fácilmente que hemos asumido esta ética protestante del trabajo por la que
producimos contenidos de modo irrefrenable, a una velocidad desconocida en la
historia de la humanidad, aunque no exista una remuneración. Se pregunta con un
toque de ironía por las razones por las que la gente se dedica a crear la
Wikipedia en lugar de echarse a dormir. Este blogger y
diseñador defiende el papel clave que sigue jugando el consumo. No tiene sentido
crear algo que no va a ser consumido, a no ser que quisiéramos entrar en una
hipotética dinámica absurda en que nadie leyese la Wikipedia por que
todos estuviésemos escribiéndola. La realidad es mucho más pragmática y siempre
existirá un número muy elevado de usuarios pasivos, de consumidores, y los
usuarios activos siempre dedicarán una buena parte de su tiempo al
consumo. Lejos de ser un problema, el consumo es una necesidad del
propio sistema de creación y es precisamente la satisfacción de esta necesidad
la que nos lleva a la aparición de los comisarios digitales.

2. La emergencia de los comisarios digitales

Si los contenidos en la era digital se hacen extraordinariamente abundantes y
se devalúan, ¿donde está el nuevo valor? Todo indica que se trslada a los nuevos
curators” digitales
susceptibles de convertirse en brokers de
conocimiento
si con su actividad concentran poder o beneficios económicos.
El término “curator” procedente del mundo del arte, donde podríamos traducirlo
por comisarios, y del de los museos, donde se aplican conservador o curador.

Un “curator”, de acuerdo con la definición proporcionada por la Wikipedia, es "un especialista
en contenidos responsable de las colecciones de una institución y de sus
catálogos asociados”. Esta definición se refiere a los comisarios o
conservadores de objetos tangibles, sean estos obras de arte, sellos, objetos
históricos o colecciones científicas, pero podría ser extendida a los objetos
intangibles con los que se relacionan los comisarios digitales. El comisario
analógico debe realizar elecciones (y el digital buscar y filtrar contenidos),
preparar las obras para su exhibición (formatear, etiquetar, …) y combinar y
organizar la exposición de las obras para generar la experiencia que vive el
visitante (agrergar y/o remezclar los contenidos originales).

Grant McCracken ha realizado un excelente análisis crítico de estos nuevos
“comisarios” (Curator:
meme in motion
). Para ello traza la breve evolución histórica de su uso
en la cultura digital, que se inicia con un artículo que se publica en 1999
Fast Company donde presentaban "job titles of the future" y
denominaban a Meg Asaro como Notionologist (and
cultural curator)
.
Para Steve Rubel los comisarios digitales son
"el futuro del contenido online" (The
Digital Curator in Your Future
). Su argumento es ya de sobra conocido:
el contenido está “en todas partes”, pero el tiempo del que disponemos para su
“consumo” es cada vez más limitado (en especial en términos relativos si lo
comparamos con la oferta existente). Esto es así tanto para el que quiere
divertirse un rato viendo una película o leyendo una novela como para el
científico que desea explorar los últimos avances en su área de trabajo o un
ingeniero que busca la solución a un problema.

Por supuesto los comisarios digitales no siempre son personas, en ocasiones
son comunidades apoyadas en herramientas (pensemos en digg o
meneame) o incluso herramientas dotadas de protocolos que automatizan
en gran medida el trabajo de comisariado. Para Rubel, las marcas, la empresas de
medios y muchos individuos se acabarán convirtiendo en comisarios digitales,
cuya actividad principal no será ya la creación de contenido. De hecho, mientras
que el crecimiento continuado de los contenidos los devalúa, este mismo proceso
hace que surjan contínuamente nuevos nichos que pueden ser explotados por estos
comisarios.

Steven Addis (autor del
blog The Curator
Effect
desde 2005 hasta octubre de 2007, momento desde el que permanece
inactivo) publicó en Julio de 2007 en Advertising Age el artículo
Raise Your Brand to the Level
of a Peer
,
subtitulado “Be a Curator: consumers will seek out
products, services that engender trust
”, donde invita a las las marcas a
convertirse en comisarios, gestionando las conversaciones que suceden alrededor
de su marca y de sus usuarios y explotando los nichos que ofrece la diversidad
de sus posibles clientes, y dejar de ser vendedores, preocupados solo por la
comunicación unidireccional de productos de masas.

El principal problema de los planteamientos de Rubel o Addis es que aplican
el término comisario indiscriminadamente a todo aquel que tiene que enfrentarse
a la exuberancia de la información digital. Grant McCracken propone un uso más
restringido a los casos en que  se realiza “some "keeping," "collecting,"
"conserving"
”, aunque no es claro como entender algunos de estos
conceptos en el mundo digital. En todo caso, quizás la mejor definición sea que
los “comisarios reales piensan con sus colecciones. Las colecciones son la
manifestación de la inteligencia, memoria, y arquitectura conceptual.
“ Por
el momento, para este antropólogo pocos realizan esta función con los contenidos
digitales.

Mi opinión es ligeramente diferente dado que puede que en realidad buena
parte de este trabajo de comisariado esté ya implícito en la propia creación de
contenidos, que en realidad es siempre (y más en la web 2.0) un proceso que se
construye a partir de otros contenidos. Claramente la figura de comisario
digital, o de broker de conocimiento, se está definiendo aún estos momentos y en
mi opinión existen tres futuros alternativos para la gestión del conocimiento en
la era 2.0:

  1. Un futuro caótico y pesimista donde los comisarios acaban por fracasar dando
    lugar a una crisis derivada de la sobreabundancia de contenidos y la falta de
    autoridades tradicionales.
  2. Un futuro basado en nuevas formas de control, en el que algunos de los
    actores relevantes en estos procesos (desde los proveedores de acceso a las
    redes de telecomunicaciones a los grandes proveedores de contenidos y de
    servicios digitales) consigan limitar, por medios tecnológicos, económicos o
    legales, la capacidad de acceso y remezcla de contenidos digitales por parte de
    los usuarios. Estos nuevos actores podrían convertirse en comisarios
    impuestos.
  3. Alternativamente, un futuro de abundancia y libertad en que los usuarios,
    pero también las empresas, las marcas y todo tipo de organizaciones, con la
    formación tecnológica e intelectual adecuada, puedan construir sus propios
    filtros y autoridades para manejar los flujos continuos de información que
    caracterizan la web 2.0 y extraer conocimiento útil para cada momento.

9 comentarios en “De la devaluación de los contenidos a la emergencia de los comisarios digitales

  1. Sin duda, me parece el tema más trascendental al que nos enfrentamos.
    Fijémonos: si el contenido es commodity, la única diferenciación en un plano teórico es el precio. Si el coste marginal de cada obra digital es cero, estamos hablando de una commodity de precio cero. Es decir, un bien libre e indiferenciado. Como el aire.
    La paradoja es que, sin embargo, precisamos consumir contenido y sabemos que leer unas cosas es diferente a otras. Anderson recuerda que tras cada abundancia, se genera una escasez. Es decir, lo que ya sabemos y decimos, que la abundancia de contenido crea escasez de atención para abarcarlo, luego se precisa lo que Anderson llama “filtros” para llegar al que es relevante. ¿Es el curator un filtro?.
    Curiosamente, los mejores blogs (éste por ejemplo) son una suerte de la función de curator: ponen orden a un contenido disperso de acuerdo a la personalidad del individuo. Eso es un comisario de arte, que busca, encuentra, ordena… pero que suele tener un bagaje personal amplísimo de investigación de autores y obras. ¿Quién le paga y cómo su inversión de tiempo?
    Y para y por concluir, resultaría que estamos precipitándonos al corolario de la teoría de la cola larga que es Free: el contenido termina financiado por los ingresos alternativos que genera la reputación. ¿Significa eso que los conferenciantes en España empezarán a cobrar? Eso es escasez sobre lo gratuito.
    Pero continúa el enigma sobre el contenido más intensivo en mano de obra. Andy Ramos, de Interius, dice que por la deficiente protección de la propiedad intelectual se publican y editan menos obras y que eso es un empobrecimiento de la cultura. Suponiendo que la reducción de ruido lo fuera, me parece que no se está contemplando como creación cultural más que aquéllo que pasa por un ISBN o por una SGAE (pero qué obsoletos resultan cada vez que te sientas a analizar lo que pasa). No entra wikipedia, por ejemplo.
    La gente se vuelca en hacer la wikipedia, ¿pero se volcará en hacer la guerra de las galaxias? ¿Puede construirse un largometraje como se ha construido Linux? Nada lo impide, pero el proceso de desarrollo sería un spoiler permanente del contenido. Quedan pues millones de microdonaciones para hacer esos contenidos, ¿o qué?

  2. Estoy básicamente de acuerdo en lo que expones, como casi siempre, pero creo que aquí nos olvidamos de un colectivo, el de los documentalistas (antiguos bibliotecarios), que se está actualizando y reinventando a sí mismo, para actuar como “facilitador” o intermediario entre la sociedad y la información en esta nueva era de la sociedad de la información. Me gustaría saber tu opinión al respecto.

  3. Brillante artículo que pone encima de la mesa la figura “comisario digital” como hecho materializado, pero que desvía la atención hacia un lugar erróneo: la devaluación de los contenidos.
    La devaluación de los contenidos es una consecuencia inherente a la cantidad de los contenidos luego la verdadera causa del surgimiento espontaneo de esta nueva figura es la cantidad y no la calidad que se devalua (la expresión exacta es: diluye).
    El comisario digital responde a una necesidad del medio digital que no está cubierta todavia…la economia del tiempo disponible para el usuario digital que se enfrenta a la cantidad.
    El siguiente paso que se plantea, una vez asumida esta figura como necesaria, es la inquietante cuestión ¿qué credibilidad tiene?. Su credibilidad, a mi modo de ver, recae en su independencia y en su amateurismo dentro de un medio amateur como es la web 2.0.
    Los sistemas automaticos que indica de comisariado digital que proveen esas empresas u otras ejecutan un simulacro de comisariado ya que unicamente valoran la cantidad (de enlaces, de visitas, etc) cuando el problema esencial que se busca resolver con esta figura es aquel que deviene precisamente de “la cantidad” en todos sus aspectos.
    Sin más.
    C.W.

  4. Existe un cuarto futuro, que sé improbable y utópico pero que es el más deseable: La propia responsabilidad social del “publicador” de contenidos. Sé que es pronto para hablar de ello pero la metáfora posible con el movimiento de preservación mediambiental creo que será, en un futuro, la más adecuada. Así como la responsabilidad social corporativa exige a la empresa un compromiso con el control de residuos, con el reciclaje, con el respeto a los derechos humanos, creo, en la linea del recintemente leído y comentado movimiento conservacionista de la calidad de la red, que podemos actuar con responsabilidad personal al publicar enlazando correctamente (respeto al prójimo), sin plagiar, compartiendo enlaces en la construcción de esta inteligencia colectiva de la que parece que queremos participar. Supongo que es una cuestión de madurez pero estoy segura de que los mejores comisarios digitales serán nuestros lectores, que filtrarán y harán desaparecer lo que no aporte nada nuevo a la blogosfera.
    Es un tema que, mal entendido, ha generado un debate extraño entorno al post que publiqué al respecto, pero en el que creo que, por coherencia con nuestra propia reailzación personal, terminaremos haciendo propio.
    Dejo el enlace aqui y como URL de este comment: http://www.dreig.eu/caparazon/2008/05/04/llego-pronto-la-rsc-sobre-la-calidad-de-la-red-movimiento-conservacionista-del-contenido-web/
    Un saludo

  5. Hay que cambiar la forma de escribir en los Blogs.Quiero hacer una aportación para desmitificar a muchos de los profesores de escuela que escriben sin aportar mucho al mundo de los emprendedores y a la nueva economía. Algunos tienen que cambiar, pero no tu Juan.

  6. Estimado Sr. Freire,
    Quiro transmitirle que sus contenidos son muy interesantes, y respecto a este en concreto estoy bastante de acuerdo.
    El conocimiento a sido siempre poder en manos de pocos detentores, pero siempre han existido personas que se han aprovechado del conocimiento de otros para crear sobre este (como yo).
    Esta claro que la información fluye pero el conocimiento para procesarla no es igual en todas las personas. De hay que al final la figura de comisario digital es una figura de filtro que siempre ha existido pero que ahora es más necesaria por la abundancia de contenidos.
    Al final un conocimiento se apoya sobre otro, todos somos constructores del conocimiento y aportamos nuestro grano de arena. La burocracia y la propiedad intelectual detienen esta construcción y ralentizan el progreso. Aunque es cierto que no valorar el esfuerzo que un creador hace, puede provocar que la necesidad lleve al creador a dejar de crear para subsistir, por esa razón deben estar protegidos y valorados.
    Pero me parece lógico que las personas creen contenidos sin pedir nada a cambio, las personas como todos los seres vivos de la naturaleza tenemos impulsos, y pienso que el ser humano tiene un impulso creador que le lleva a querer saber más.
    Habrá entonces que impulsar ese rol de comisario de conocimiento (una especie de critico de contenidos) que al igual que en el cine, los libros, y demás ámbitos culturales puede orientar y dar valor a los creadores más genuinos y crear así un sistema de recompensas sin que deje de fluir el conocimiento.
    Como todo esto tiene el peligro de la objetividad, confío en que la masa critica que somos todos los usuarios de Internet sabremos poner a raya a os comisarios para que su decisiones sean objetivas y enriquecedoras.

  7. Hola Juan,
    tu punto 3 me ha recordado el Aviso a Navegantes de Noam Chomsky
    «Si no hacemos nada, internet y el cable estarán monopolizados dentro de diez o quince años por las megacorporaciones empresariales. La gente no conoce que en sus manos está la posibilidad de disponer de estos instrumentos tecnológicos en vez de dejárselos a las grandes compañías. Para ello, hace falta coordinación entre los grupos que se oponen a esa monopolización, utilizando la tecnología con creatividad, inteligencia e iniciativa para promocionar, por ejemplo, la educación.»
    Aviso al navegante – Noam Chomsky
    Es decir que tenemos la responsabilidad de que no sea un caos y también de que el control sea el menor posible. jejeje.
    Muy buen post!

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