Conocimiento y usuarios en la cultura digital (Revista FRC)

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Ya hace unos meses publiqué en el número 16 de
la Revista FRC, de la Fundació Rafael Campaláns, el artículo
Conocimiento y usuarios en la cultura digital. (pdf del artículo completo). Está basado en algunos de los
temas sobre los que estuve trabajando el curso pasado y la base del artículo son
estos dos posts que aparecieron en Soitu.es | Piel
digital
: Los
contenidos de la web 2.0 cotizan cada día a la baja
y Se
buscan comisarios digitales
, y que sinteticé en De la
devaluación de los contenidos a la emergencia de los comisarios
digitales
. En la continuación de este post publico el
texto completo del artículo (la versión original en pdf aquí).

Conocimiento y usuarios en la cultura digital

Introducción

Las tecnologías de la información, y en especial Internet, han provocado un
proceso de digitalización de nuestras vidas y de nuestras actividades sociales,
económicas o políticas. Es un fenómeno aún reciente y gradual pero que se
acelera en los últimos años. El cambio tecnológico genera oportunidades al
tiempo que altera las reglas de juego. Pero la tecnología no es determinista ni
su diseño es capaz de incorporar todos los posibles usos futuros. Los usuarios
acaban por apropiarse de la tecnología de modos, muchas veces, impredecibles y
es este proceso el que da lugar a cambios sociales y culturales. Por tanto,
tecnología y sociedad co-evolucionan y en este cambio se alteran necesariamente
muchos modelos económicos.

En los últimos años los desarrollos tecnológicos conocidos como web 2.0 han
provocado un nuevo cambio cultural y social, posiblemente más acelerado que el
anterior, que ha acabado por reconfigurar el modo en que se crea, distribuye y
usa el conocimiento. Se aplica la denominación de web un conjunto de
herramientas que permiten la creación y publicación de contenidos digitales y
que facilitan su gestión (utilizando por ejemplo sistemas de etiquetado
generados por los propios usuarios) y reutilización. Los usuarios, sin necesidad
de un conocimiento técnico especializado, pueden convertirse en creadores y
gestores avanzados de conocimiento y, además, pueden trabajar organizados en
redes sin necesidad de su formalización e institucionalización.

Buena parte de estas posibilidades se deben a la reducción de barreras
financieras, y tecnológicas que limitaban tradicionalmente, tanto en los
entornos analógicos como en la primera era de Internet, la creación de
conocimiento. Pero esta “nueva” economía sigue obedeciendo a las viejas reglas y
por tanto lo que se hace abundante se devalúa. ¿Dónde está ahora el valor?
Posiblemente en el filtrado, la agregación y la remezcla y en la conexión
intelectual y emocional con los usuarios. De este modo parece llegado el momento
de lo que denominaré comisarios digitales (que también podríamos definir como
brokers de conocimiento). Pero, los usuarios creativos de la web 2.0 (en gran
parte amateurs), ¿son un nuevo proletariado simbólico?, o por el contrario ¿son
parte de esos nuevos comisarios y conectores que destierran a las jerarquías y
controles tradicionales?

En este artículo analizaré en primer lugar por que internet y la web 2.0 han
provocado una devaluación del conocimiento per se para a continuación
proponer la emergencia de una nueva figura, los comisarios digitales. Por último
discutiré las consecuencias que este proceso tienen para los paradigmas
convencionales de propiedad intelectual dado que, en este escenario, en que el
producto inicial del trabajo de un creador vale (en términos económicos) cada
vez menos, pero su valor puede crecer apreciablemente cuando se reutiliza de
forma inteligente, cabe preguntarse si es estratégicamente acertado proteger
“excesivamente” los contenidos.

La devaluación del conocimiento en la web 2.0

El desarrollo de Internet y, especialmente, de las herramientas conocidas
como web implicado cambios radicales en los modelos de producción y distribución
de conocimiento [1]. Por una parte, la
creación, gracias a la reducción de barreras de acceso y colaboración, ha
experimentado un crecimiento exponencial. Por otra parte, la crítica implícita
que la era 2.0 trae a los modelos tradicionales de jerarquía y autoridad, unido
a la exuberancia de contenidos, generan nuevos problemas y oportunidades para su
gestión por los usuarios. Pero, al tiempo, dentro de la web 2.0 han surgido
numerosas tecnologías, herramientas y sistemas de gestión de contenidos (como el
RSS, los agregadores, los mashups, los sistemas de etiquetado …) que permiten a
los usuarios convertirse en “comisarios”. En cierto modo, todos los usuarios de
Internet somos ya “comisarios”, pero algunos de ellos, sean individuos, empresas
u otras organizaciones, pueden tener como objetivo obtener mayor poder o
beneficios económicos, y los podríamos identificar entonces como “brokers” de
conocimiento. La importancia creciente de este tipo de actividad “curatorial”
está directamente relacionada con la propia devaluación de los contenidos
digitales.

Un efecto obvio, pero también y paradójicamente inesperado, de la irrupción
de la web 2.0 y la producción amateur y masiva de contenidos[2] es la devaluación de este nuevo conocimiento.
En un mundo donde más gente aporta datos y produce información y conocimiento
una gran parte de estos contenidos presentan escaso interés y/o calidad, pero
crece también una “larga cola” del talento, de modo que el conocimiento de
calidad empieza a ser muy abundante, casi ubicuo, aunque siga siendo
minoritario. Esta transición plantea serios problemas de adaptación, en especial
en lo que respecta a la motivación de los creadores y a la rentabilización
económica de esta actividad cada vez más popular.

El conocimiento explícito (que se encuentra y ya casi de modo universal en
formato digital) se convierte en lo que en economía se denomina una “commodity”
”, un producto o mercancía genérico, sin ninguna característica distintiva
cualitativa que le otorge un valor añadido y por tanto reemplazable. Esta visión
rompería de forma radical con el concepto convencional de conocimiento como el
resultado de la actividad más sofisticada y cualitativamente relevante de los
seres humanos.

Entre las múltiples consecuencias derivadas de esta devaluación nos
encontramos los problemas de rentabilización económica que supone para muchos
creadores que su trabajo (sea este profesional o amateur) se convierta en un
genérico de bajo valor susceptible de además de ser “capturado” por servicios
externos (como agregadores que utilizan los feeds RSS) para
reconvertirlos en otros contenidos (mediante la agregación, la remezcla o el
enriquecimiento por comentarios) que si son rentabilizados (pero estos
beneficios no llegan al autor original).

Se han propuesto varias razones para esta devaluación como: el crecimiento
exponencial de la oferta por los contenidos generados por los usuarios, la
digitalización que permite su reproducción con un coste próximo a cero, la
simplicidad y bajo coste de las herramientas tecnológicas implicadas; el
desarrollo de un modelo de negocio basado en la publicidad (y que necesita de
contenidos abundantes y baratos), y una nueva cultura menos restrictiva respecto
a la protección de la propiedad intelectual. Puede que, a modo de sarcasmo, tras
acuñarse como eslogan de lo que algunos han denominado “era la frase “la
revancha de los amateurs” frente a las industrias culturales tradicionales, sean
ahora algunos de esos amateurs los que están viviendo en primera persona un
proceso similar.

Un aspecto menos tratado de este proceso, son las razones íntimas y profundas
que lleva a una masa de usuarios a convertirnos en creadores, al tiempo que se
rechaza cada vez más el propio concepto de consumo y consumidor. Producimos,
como sociedad, contenidos de modo irrefrenable, a una velocidad desconocida en
la historia de la humanidad, aunque no exista una remuneración. Pero el consumo
sigue jugando un papel relevante, aunque para muchos creadores de la web 2.0 su
éxito se mide en términos de reputación o reconocimiento y no tanto por su
retorno financiero. Además, la realidad es mucho más pragmática y siempre
existirá un número muy elevado de usuarios pasivos, de consumidores, y los
usuarios activos siempre dedicarán una buena parte de su tiempo al consumo.
Lejos de ser un problema, el consumo es una necesidad del propio sistema de
creación y es precisamente la satisfacción de esta necesidad la que nos lleva a
la aparición de los comisarios digitales.

Los comisarios digitales

Si los contenidos en la era digital se hacen extraordinariamente abundantes y
se devalúan, ¿donde está el nuevo valor? Todo indica que se traslada a los
nuevos “curators” digitales susceptibles de convertirse en brokers de
conocimiento si con su actividad concentran poder o beneficios económicos. El
término “curator” procedente del mundo del arte, donde podríamos traducirlo por
comisarios, y del de los museos, donde se aplican conservador o curador.

Un “ curator ”, de acuerdo con la definición proporcionada por la
Wikipedia[3], es "un especialista en
contenidos responsable de las colecciones de una institución y de sus catálogos
asociados”. Esta definición se refiere a los comisarios o conservadores de
objetos tangibles, sean estos obras de arte, objetos históricos o colecciones
científicas, pero podría ser extendida a los objetos intangibles con los que se
relacionan los comisarios digitales. El comisario analógico debe realizar
elecciones (y el digital buscar y filtrar contenidos), preparar las obras para
su exhibición (formatear, etiquetar, …) y combinar y organizar la exposición de
las obras para generar la experiencia que vive el visitante (agrergar y/o
remezclar los contenidos originales).

Por supuesto los comisarios digitales no siempre son personas, en ocasiones
son comunidades apoyadas en herramientas (pensemos en digg o
meneame) o incluso herramientas dotadas de protocolos que automatizan en
gran medida el trabajo de comisariado. Las marcas, la empresas de medios y
muchos individuos se acabarán convirtiendo en comisarios digitales, cuya
actividad principal no será ya la creación de contenido. De hecho, mientras que
el crecimiento continuado de los contenidos los devalúa, este mismo proceso hace
que surjan continuamente nuevos nichos que pueden ser explotados por estos
comisarios.

El principal riesgo de utilizar el término comisario indiscriminadamente a
todo aquel que tiene que enfrentarse a la exuberancia de la información digital
es su propia devaluación como identificador de una actividad propia de la
cultura digital. Quizás una  definición[4] apropiada sea la que propone que los
“comisarios reales piensan con sus colecciones. Las colecciones son la
manifestación de la inteligencia, memoria, y arquitectura conceptual“. Aunque
podríamos matizar esta definición en el sentido de que puede que en realidad
buena parte de este trabajo de comisariado esté ya implícito en la propia
creación de conocimiento, que en realidad es siempre (y más en la web 2.0) un
proceso que se construye a partir de conocimiento previo o, dicho de otro modo,
otros contenidos. Claramente la figura de comisario digital se está definiendo
aún estos momentos y se puede especular con tres futuros alternativos para la
gestión del conocimiento en la era 2.0:

  • Un futuro caótico y pesimista donde los comisarios acaban por fracasar dando
    lugar a una crisis derivada de la sobreabundancia de contenidos y la falta de
    autoridades tradicionales.
  • Un futuro basado en nuevas formas de control, en el que algunos de los
    actores relevantes en estos procesos (desde los proveedores de acceso a las
    redes de telecomunicaciones a los grandes proveedores de contenidos y de
    servicios digitales) consigan limitar, por medios tecnológicos, económicos o
    legales, la capacidad de acceso y remezcla de contenidos digitales por parte de
    los usuarios. Estos nuevos actores podrían convertirse en comisarios
    impuestos.
  • Alternativamente, un futuro de abundancia y libertad en que los usuarios,
    pero también las empresas, las marcas y todo tipo de organizaciones, con la
    formación tecnológica e intelectual adecuada, puedan construir sus propios
    filtros y autoridades para manejar los flujos continuos de información que
    caracterizan la web 2.0 y extraer conocimiento útil para cada momento.

En relación con estos escenarios de futuro, los nuevos comisarios digitales o
brokers de conocimiento podrían acabar por convertirse en figuras clave
que influyan decisivamente sobre decisiones empresariales y políticas. Esto nos
lleva a preguntarnos por el significado político de la web 2.0. Más allá de un
nuevo paradigma tecnológico, la web 2.0 es un caballo de Troya que modifica
significativamente las formas de interacción entre personas. La tecnología nos
hace humanos y por ello condiciona de un modo radical las relaciones de poder y
autoridad. Por tanto, cabría hacerse una serie de preguntas sobre el la política
de la web 2.0:

  • ¿empodera la web 2.0 realmente a los usuarios y los libera de jerarquías o
    crea nuevas autoridades aún más poderosas, y sutiles, que las
    tradicionales?;
  • ¿favorece la web 2.0 la sinceridad en la comunicación?, ¿nos lleva a un
    mundo de ficción y engaño absolutos en manos de los brokers más
    poderosos?, o por el contrario ¿nos encontraremos con una realidad más compleja
    y difícil de manejar?;
  • ¿la evolución de usos de la web 2.0 es una cuestión únicamente de evolución
    tecnológica o depende de decisiones “políticas” de ciudadanos y organizaciones?,
    ¿dejamos el futuro en manos de una aséptica evolución tecnológica o necesitamos
    tomar conciencia de nuestra libertad y responsabilidad para convertir las
    oportunidades tecnológicas en mejoras en nuestras vidas?, y
  • ¿reinventa la web 2.0 los mecanismos económicos superando el mercado, al
    liberar a la mayor parte de las interacciones humanas de dependencia financiera,
    o lleva a su máxima expresión la economía de mercado al convertir (casi) todas
    las interacciones en transacciones económicas o de reputación?

El cambio de paradigma en la propiedad intelectual

Lo discutido hasta el momento se ha centrado en la interacción de tecnología
y usos sociales y políticos, pero estos procesos se desarrollan en un escenario
regulatorio diseñado bajo para unas condiciones que ya se han modificado
radicalmente[5]. Así, frente a la
situación de los derechos de autor en el entorno analógico, dominado de facto
por un solo modelo de derechos basado en el copyright, el desarrollo de
Internet y la digitalización de la creación ha ido acompañado de una
diversificación y flexibilización de las opciones para los autores. Así surge el
copyleft situado en el otro extremo, aunque no es la única alternativa.
En este sentido, la aparición de licencias y organizaciones como Creative
Commons
ha tenido la virtud de proporcionar un marco de referencia claro y
que permite definir por los autores su opción para cada uno de los componentes
que compondría una licencia: reconocimiento, reproducción, obras derivadas
(remezcla) y uso comercial. Ahora el autor no está “condenado” a aceptar el
copyright (ni como única alternativa el copyleft), pero al tiempo
se incrementa notablemente su responsabilidad e incertidumbre al tener que
diseñar una estrategia entre un menú mucho más complejo en el que, además, debe
tener en cuenta algunas otras cuestiones. Así, la tecnología impone
restricciones a esta flexibilidad. Por ejemplo, la digitalización reduce el
coste de copia y distribución hasta hacerlo prácticamente cero. En este caso,
como sucede con la música, los intentos legales de protección de algunas
condiciones y derechos son difícilmente aplicables.

Por otra parte la elección del autor, sea este amateur o profesional, debería
estar basada en su modelo creativo y comercial. Respecto a lo primero, deberá
valorar hasta que punto considera su creación original (o está inspirada solo
conceptualmente en otras obras) y no necesita (por esta razón) flexibilizar sus
propias obras para lograr reciprocidad o reutiliza contenidos de otros autores y
por tanto necesita aplicar licencias más abiertas. La cuestión comercial es, no
nos engañemos, la principal razón de buena parte de este debate. La realidad es
que muy pocos creadores viven hoy en día, y tampoco en cualquier otro momento de
la historia, principalmente de la venta de sus obras entendidas como productos
(sean libros, CDs o incluso archivos MP3). Otras vías de remuneración proceden
de la reputación y la construcción de una red social que les facilita su
actividad creativa y que pueden transformar en ingresos mediante mecenazgo, las
actividades presenciales derivadas (conciertos, conferencias, cursos …), la
consultoría, o la venta de productos derivados.

Es importante recordar que lo que podríamos denominar el “ADN cultural y
económico” de Internet es abierto y generativo: está diseñado para la
compartición y los flujos distribuidos, y por tanto es difícil de controlar y
jerarquizar, y además la interacción de sus partes es la que genera los
resultados emergentes, e impredecibles, más innovadores e interesantes.

Existe una evidente co-evolución entre la digitalización de los contenidos y
el tipo de licencias de protección de la propiedad intelectual utilizadas.
Mientras que obras como Wikipedia que nacen digitales son claramente copyleft (y
esta es buena parte de la razón de su éxito), los resultados de la investigación
científica (que están abandonando el formato papel y migrando a Internet)
exploran de una forma cada vez más intensa modelos de acceso abierto. De modo
similar, en la creación ensayística, por su propia naturaleza, tiene una
importancia creciente Internet (para la investigación, debate, …; muchos ensayos
nacen hoy como blogs) por lo que tiene menos sentido entender el producto final
(el libro de ensayo) desconectado de el proceso que lo ha originado. La música o
el video, por las reglas de juego tecnológicas y a pesar de los intentos
legales, se mueven también en la exploración de nuevos modelos de distribución y
obras derivadas. Incluso la literatura, el último reducto del libro en papel,
explora en estos momentos su hibridación con el audiovisual y con los formatos
digitales y, en ese proceso, las licencias acabarán por flexibilizarse. El
periodismo también ha experimentado una fuerte evolución en la gestión de
derechos con el nacimiento de los medios nativos digitales.

Existe una excepción de gran importancia al modelo dibujado antes en que los
autores deciden su estrategia de derechos. Cuando los contenidos han sido
creados por o para las administraciones públicas (por que los crean empleados
públicos o son financiados con recursos públicos) deberían hacerse accesibles a
todos los ciudadanos para cualquier tipo de uso. Ahora no sucede esto en nuestro
entorno con la mayor parte de la información pública, lo que constituye una
“anomalía ética” y una aberración política y se convierte en una barrera para la
innovación y el desarrollo económico.

[1] Don Tapscott & Anthony D. Williams
(2006). Wikinomics. How mass collaboration changes everything.
http://www.wikinomics.com/

Yochai Benkler (2006). The Wealth of Networks. How Social Production
Transforms Markets and Freedom. http://www.benkler.org/wealth_of_networks/index.php/Main_Page

David Weinberger (2007). Everything is miscellaneous. The power of the new
digital disorder. http://www.everythingismiscellaneous.com/

Clay Shirky (2008). Here Comes Everybody: The power of organizing without
organizations. http://www.herecomeseverybody.org/

[2] Henry Jenkins (2006).
Convergence Culture. Where old and new media collide

[3]
http://en.wikipedia.org/wiki/Curator

[4] Grant McCracken en:
http://www.cultureby.com/trilogy/2008/03/curator-birth-o.html

[5] Lessig (2000). Free Culture.
How big media uses technology and the law to lock down culture and control
creativity. http://www.free-culture.cc/

4 comentarios en “Conocimiento y usuarios en la cultura digital (Revista FRC)

  1. Adrian Pedernera dice:

    Estimado Juan Freire:
    Estube leyendo varios de tus artículos sobre web 2.0 en este blog y varios otros y capitulos del libro “que es ser emprendedor” por intermedio de Juan Carlos lucas, mi excelente couch en el seminario de formación de emprendedores para la era global que dirige en el CETEAN en Buenos Aires (http://www.iuean.edu.ar/institucional/cetean/cetean.asp )y quiero compartir tu visión que tenes del mundo actual y futuro en internet.
    Sin ir mas lejos, estoy en mis inicios como emprendedor comenzando un proyecto basado en los términos de redes hiperlocales y comisarios digitales para solucionar las anomalías presentes y futuras, tratando de desarrollar una red de comunidades a la espera de un futuro como planteas en la 3º alternativa en donde “los usuarios puedan construir sus propios filtros y autoridades para manejar los flujos continuos de información que caracterizan la web 2.0 y extraer conocimiento útil para cada momento.”
    Creo que este es el camino correcto para ayudar a la sociedad y espero que sea el escenario elegido por todos.
    Espero poder contactarme contigo en lo sucesivo, ya que me ayudará enormemente en este proyecto y en el proceso de aprendizaje continuo como emprendedor en tiempo de crisis mundial y además muy importante en mi vida.
    Muchas gracias.

  2. Gracias por publicar el artículo entero en el blog. Me gustaron tus preguntas.
    Tu frase final me sugiere una autocrítica: como empleada de la universidad (financiada con recursos públicos) tendría que ser mucho más activa en publicar en la web reflecciones sobre mi investigación.

  3. Ismael,
    Me refiero a los comisarios, pero el término “curator” es bastante ambiguo dado que aunque muchas veces se usa para identificar al conservador en otras designa al comisario. La entrada de la wikipedia (http://en.wikipedia.org/wiki/Curator) refleja estas ambiguedades dado que presenta una definición general que se refiere a la figura de conservador, pero al tratar el arte contemporáneo introduce la idea de comisario:
    “In contemporary art, the title curator is given to a person who better produces knowledge and better picture of any situation. This might involve finding a strategy for display. Thematic, conceptual and formal approaches are all prevalent. In addition to selecting works, the curator often is responsible for writing labels, catalog essays, and other supporting content for the exhibition.”
    En todo caso es evidente que son conceptos ambiguos por lo que posiblemente no sea una buena opción usarlos en otros ámbitos (como he hecho yo). Además, se añade el inconveniente de que el término “comisario” mucha gente lo interpreta en términos policiales, relacionándolo con el control 🙂

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