¿Condenados a la estupidez digital?

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Probablemente, a estas alturas, ya todo el mundo habrá pensado aunque sea mínimamente en la pregunta que Nicholas Carr nos lanzaba en The Atlantic Monthly: Is Google making us stupid? Alejandro Piscitelli lo tiene claro y proporciona abundantes argumentos para rebatir esta hipótesis y/o provocación:

¿A ustedes se les mueve un pelo adhiriendo al temor de Carr? A mi no. Habiendo leído mamotretos durante cerca de 40 años y amando cada día mas la “lectura” en línea, me parece que estamos logrando un estado de nirvana maravilloso, polialfabetismos, alfabetización analógica multiplicada por la digital, conversaciones transmedia, acoples intergeneracionales, la Biblia (de Gutenberg) y el calefon (de Breton o de Duchamp) en dosis equivalentes e iluminadoras, de por medio.

Por mi parte, la semana pasada me preguntaba en Soitu.es | Piel digital si estamos ¿Condenados a la estupidez digital? Estos eran mis argumentos.

La tecnología no es neutra ni inocua. Las personas debemos adaptar nuestra “maquinaria” intelectual a los nuevos modos e interfaces en los que nos relacionamos con la información. Existen evidencias empíricas que demuestran que nuestra adaptación a la era digital es lenta y por tanto vivimos una época de transición. Además no es esperable que, una vez adaptados, nuestro comportamiento y mecanismos cognitivos funcionen del mismo modo que lo hacían con la “tecnología analógica”. Así antes leíamos en papel y ahora leemos en pantallas y en el camino se modifica nuestra forma de consumir y producir información. Esto es lo que explica Nicholas Carr en un artículo que publicó hace unos días en The Atlantic Monthly, Is Google making us stupid?, y que ha generado un fuerte debate en blogs. La intención de Carr no es atacar a Google, aunque en el reparto le toque una parte de la culpa, sino a Internet y la tecnología digital en general.

Para comprender la relevancia de las críticas de Carr conviene recordar que si Andrew Keen, el polémico autor de The Cult of the Amateur. How today’s Internet is killing our culture, es el Pepito Grillo simple y trivial de la web 2.0, Nicholas Carr.sería el Pepito Grillo inteligente y profundo de las tecnologías de la información. No en vano su libro Does IT Matter? Information Technology and the corrosion of competitive advantage se ha convertido en un clásico que relativiza la importancia de la tecnología y su reciente The Big Switch: Rewiring the World from Edison to Google, lleva camino de convertirse en un nuevo best-seller que despierte las conciencias de muchos tecno-utópicos. Por eso su artículo en The Atlantic Monthly merece una lectura reflexiva (si esto es posible, algo que el propio autor parece dudar) aunque sea para acabar discrepando. Para Carr los usuarios de la información digital, entre los que se incluye a él mismo, nos estamos volviendo estúpidos por que la abundancia de información y los interfaces en que se nos presenta están reduciendo nuestra capacidad de concentración y de lectura reflexiva y en profundidad. El propio Carr recopila en diferentes posts las reacciones a su artículo que confirman sus argumentos (e incluso algún testimonio contrario), especialmente los efectos nocivos de lo que llama el virus de la multitarea.

Para ello se apoya en evidencias neurobiológicas que demuestran como las conexiones neuronales responden a los estímulos informativos externos y que nuestro cerebro es más plástico de lo que se pensaba y por tanto más sensible a cambios en los estímulos exteriores. Por otra parte nos explica la experiencia en primera persona de diferentes usuarios intensivos de la web, muchos de ellos bloggers, que han perdido su capacidad para leer textos extensos, como libros, al adaptarse a un consumo rápido y masivo de contenidos cortos sobre los que, además, se realizan lecturas parciales y rápidas. Pero, tal como explica en detalle el mismo artículo, este proceso no es algo novedoso. Ha sucedido con los diferentes cambios tecnológicos a los que el hombre se ha enfrentado a lo largo de la historia. Así, Friedrich Nietzsche descubrió como al pasar de escribir a mano a usar una máquina de escribir se modificó radicalmente su estilo. Kevin Kelly responde a Carr preguntándose si el problema de Nietzsche era la máquina de escribir o que cuando llegó a sus manos era ya un hombre viejo y enfermo, y por tanto con mayores dificultades de adaptación. Extendiendo este argumento, Kelly se pregunta si realmente nos volvemos estúpidos ante la avalancha de textos cortos que inunda la web o por el contrario tenemos ahora la posibilidad de generar este tipo de contenidos (que antes eran inviables por su coste) y simplemente los preferimos a los textos largos que antes eran nuestra única opción. En todo caso, Kelly aprovecha uno de los argumentos de Carr, que somos extremadamente inteligentes cuando usamos Google (pero solo en esos momentos), para defender una hipótesis antagónica. Si nos volvemos más estúpidos sin Google pero más listos con Google, el resultado final será que somos más inteligentes por que nuestra vida es básicamente digital y la experiencia digital es ya prácticamente “Google-céntrica”.

Otro crítico de Carr es el popular periodista y blogger Andrew Sullivan, que declara escribir unos 300 posts semanales (!!) y que explica en  The Sunday Times, Google is giving us pond-skater minds, por que se siente más inteligente gracias a Google, aunque reconoce que su forma de pensar y escribir se ha alterado: “… proceso información mucho más rápido y aprezco capaz de absoerber múltiples fuentes de información simultáneamente en modos que me hubiesen causado uns hock cuando era un adolescente”. Reconoce los problemas que apunta Carr cuando se enfrenta a un texto largo en papel, pero lo asocia con las limitaciones del formato. Sullivan sufre el mismo problema que habrán experimentado muchos de los que estamos acostumbrados a navegar la información digital; ante una página escrita echamos de menos el enlace que nos amplie la información que allí aparece y saltamos a notas a pie de página o bibliografías con la esperanza de encontrar ese tipo de datos; algo natural en la web.

En todo caso el hombre acaba por adaptarse, tal como ha hecho en el pasado, al ambiente tecnológico en el que le toca vivir y en ese proceso no existe una única opción posible. En este sentido es de esperar que en el futuro, y con toda seguridad ya ahora, nos enfrentemos a la información digital de formas radicalmente diferentes a como lo hacemos con la analógica y encontremos la estrategia adecuada para sacar el máximo partido a las nuevas oportunidades. Así, al menos, ha sucedido hasta el momento con todas las revoluciones tecnológicas que nos ha tocado vivir, desde el pergamino a la máquina de escribir pasando por la imprenta. Y en todos esos cambios surgieron siempre argumentos fundamentados que nos explicaban los peligros en los que nos adentrábamos y los riesgos que corría nuestra sociedad y cultura. Muchos de esos argumentos eran ciertos, pero (a pesar o gracias a ellos) la evolución siempre ha sido positiva. Lo que no acaban de explicar Carr o Keen es por que con Internet no se habría de repetir la historia.

14 comentarios en “¿Condenados a la estupidez digital?

  1. Yo, querido amigo, ya no pierdo el tiempo en esto. Es como lo de que internet genera personas solitarias encerradas en si mismas o que es un refugio de peligro y criminales. Yo estoy convencido de que la red me hace, al menos aparentemente, más inteligente. Y es que disponer de la información que precisas en todo momento te hace más productivo y te permite tomar mejores decisiones, elaborar mejores artículos… Y en mi caso personal, leo cosas larguísimas, precisamente porque no hay otro sitio dónde encontrarlas.

  2. Muy interesante tu artículo y me debato entre las dos opiniones.
    Creo que la sobreinformación debe ser asumida como buena, que permite al lector poder elegir entre muchos contenidos, pero que una vez llamada la atención va a seguir profundizando en el conocimiento con otros textos o libros. Simplemente que el formato libro, el de cerrar un conocimiento en un numero finito de páginas es otro distinto al digital, con un número infinito de capítulos, que es el propio lector el que los elige y el que compone su libro digital con enlaces y pequeños documentos, que ademas no tiene por que tener un fin.
    Si te interesa el tema puedes acabar leyendo mucho mas que la cantidad que viene en un libro, por lo creo que son dos formas distintas de información y ambas son complementarias.

  3. Bueno el post, de lo que se habla es de tecnologías, justamente me metía con la sexualidad como tecnología que creo que es un caso extreme al respecto. El tema pasa por si verticaliza la distribución de la diversidad de tecnologías o no. Generar escasez es la forma de hacerlo y con ello obtener algún tipo poder tal vez, incluso económico.
    Creo que en este sitio se ha hablado de la Larga Cola de la diversidad y que es evidente que cada vez es mas dificil censurarla o cortarla.
    No seremos ni mejores ni peores, seremos distintos.

  4. Dices: “…. estamos en transición ….” y yo digo: “claro, siempre estamos ….. y en el mejor de los casos, dialogamos con el rio de la vida. ¿Qué haríamos si hubiéramos llegado a alguna parte? ¿Nos aburriríamos todavía más? ¿no nos aburrimos ya bastante, pensando más de una vez que ya hemos llegado a algún sitio? ….” Podría decir más cosas, ensayaré en mi blog sobre el tema, me gusta el tema de la transición y la suerte que tenemos si somos capaces de detectar que así son las cosas, nos gusten o no, pero son así ….. de transición. Un abrazo,
    Roberto Carballo. Aldebaran Innovation

  5. Lo que no tiene en cuenta Andrew Sullivan es que el propio artículo en el que expresa sus preocupaciones, ¡es un artículo largo que requiere concentración para comprenderlo! Por lo tanto, no puede decir sinceramente que ha perdido la habilidad de leer y escribir ese tipo de texto. Sólo mis dos céntimos.

  6. Siempre cambiando vamos: algunos se asustan, a otros les encanta.
    Divertíos con esto: “Los Bárbaros”, de Alessandro Baricco. Su tesis (más o menos): la gente Google está ya en otro mundo, donde los criterios de validez no son los de Carr, ni de Keen, ni, diría yo, los de Kelly. Para los bárabaros, que esos y no otros son la tribu Google, no se trata ya ni de ser profundo, ni de ser inteligente.
    Es otra cosa. Léedlo, os divertiréis y asustaréis a partes iguales pero os centraréis en temas más allá de los que aún preocupan a Carr, Keen, etc.

  7. Ante cualquier cúmulo medianamente importante de información, lo que realmente importa no es la información misma, sino lo que se hace con ella y las decisiones que se toman en base a ella.
    No todo en internet es cierto ni todo es bueno, muy valido, pero tampoco todo es malo
    P.S. me encanto la frase de más arriba “No seremos ni mejores ni peores, seremos distintos”

  8. Como creo que ya mencioné en algún post anterior de mi blog, defiendo que la era digital trae asociado una “recuperación de la artesanía”: el artesano (por definición) se ha de crear un método personal e intransferible; el carpintero de como lijar la madera, y el trabajador/creador de la era digital, de cómo procesar la información que recibe o busca. En ese sentido me parece que el momento es cuanto menos estimulante. Un fuerte abrazo, Am

  9. me recuerda el mismo problema de gutemberg cuando comenzo a falsificar biblias por medio de una maquina… y hoy ya ni si quiera se menciona que eso puede ser un tipo de falsificacion, sino una forma adecuada de reproduccion.
    Tambien es como las bibliotecas… alla no solo hay literatura sino tambien mucho libro basura… pero uno no va a las bibliotecas precisamente para leer esa basura, al menos que sea uno curioso, sino leer lo que va a leer… bueno tambien en las bibliotecas hay pornografia y libros sobre torturas… y genocidios. hay inexactitudes
    tambien esa idea de convertir estupido a las personas por solo navegar es hasta ridicula. es un juego de prepotencia sofistica y falso discurso, echarle la culpa a quienes no saben quienes estan. como si todos se pudieran etiquetar de basura por que solo un idiota trata de vender esa idea… pero porque hacer de estupidos a muchas personas que tienen su propia forma de pensar, o su propia vision de mundo… por solo que busca en google… modestia aparte…

  10. Nos vuelve estupidos porque ahora estamos en manos de los especuladores que te haran cambiar de programa cuando se les antoje. A eso si le tengo mucho miedo.

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