Arte, marcas y personas: hacia las identidades fragmentarias

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Nicolas Bourriaud explicaba ya en 2000 la evolución hacia la fragmentación de las identidades de artistas y empresas:

El músico-programador realiza el ideal del intelectual colectivo al cambiar de nombre para cada uno de sus proyectos; la mayoría de los DJ disponen de múltiples nombres de autor. Más que una persona física, un nombre designa en adelanten un modo de aparición o de producción, una línea, una ficción. Es también la lógica de las multinacionales, que presentan líneas de productos como si emanaran de firmas autónomas; según la naturaleza de sus proyectos, un músico como Roni Size se llamará Breakbeat Era o Reprazent, así como Coca-Cola o Vivendi Universal reagrupan una decena de marcas distintas cuyo origen común el público no puede sospechar.

En Postproducción, pp. 112–113, editada en español por Adriana Hidalgo (especialmente recomendable el análisis de Alejandro Piscitelli).

Este texto fue escrito en el año 2000. Parece que en 2007 ya no es tan relevante la autonomía entre fragmentos, sean marcas o “autores” (o simplemente ya es muy difícil mantener ocultos los orígenes comunes), pero si la fragmentación de las identidades. Estamos transitando [d]e la web 2.0 a las identidades distribuidas, una consecuencia, ¿o causa?, de la muerte de la vieja web y el nacimiento de la web de los microcontenidos y la remezcla.

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